domingo, 20 de enero de 2008

MADRID ANTIGUO

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La evolución del Madrid Antiguo
En este primer apartado sobre la evolución de Madrid, lo vamos a hacer tomando como referencia un fragmento del plano del Madrid actual (Teniendo en cuenta que solamente es la zona centro y que esta zona, representa nada más que el 16% del Madrid de hoy)
Basándonos en este plano y conservándole como fondo para poder comparar la evolución de Madrid desde el siglo IX (año 852), hasta el siglo XVII (en 1656) en el que se paralizó su crecimiento durante más de dos siglos, debido a la cerca mandada construir por Felipe IV en 1625 y que paralizó este crecimiento durante más de dos siglos.
Pero antes, vamos a recordar brevemente la prehistoria de Madrid.
En el Plano de Texeira, plano que recorreremos en el apartado del Madrid de los Austrias, podemos leer la leyenda que hay en la parte superior y que dice:
MANTVA, CARPETANORVM, SIVEMATRITUM, VRBS REGIA
No cabe duda de que quienes la llamaron Mantua Carpetana y dijeron que había sido fundada por Ocno Bianor, hijo de la hermosa Manto y del río Tiberino, usaron un tanto románticamente su fantasía ya que no hay ningún dato que confirmen estas leyendas. De cualquier forma, vamos a recordar como nos lo dice Jerónimo de la Quintana, para que nos hagamos una idea:
"...Ocno Bianor, hijo de Tiberio o Tiberino, Rey de la Toscana y de los latinos, y de la hada Mantho, que floreció en Tebas y como adivina, la llevó Teseo cuando hizo guerra a Creonte; mas como Teseo fue despojado del reino de Atenas, ella se lanzó al mar, y fue a parar a las costas de Italia, la recogió el Rey Tiberino y tuvo en ella al Príncipe Ocno Bianor, a quien Virgilio, en su Eneida, llama capitán de guerra, el cual nació después de la muerte desgraciada de su padre, en la guerra que hizo a Glauco Cretense, y estando la victoria de su parte, cayó en el rió Albula y se ahogó en él, tomando por ese suceso el nombre de Tiber de allí en adelante el río..."
Pero como en Italia ya había una Mantua, a la de aquí, se le tuvo que poner un apellido. Y este apellido es el de Carpetanorum. En fin que esto no es más que un rasgo romántico utilizado para emparentar la fundación de una ciudad con los héroes homéricos, como hizo Virgilio con la fundación de Roma por Eneas o también Lisboa que dicen que fue fundada por Ulises.
Lo que si tiene Madrid, son doce siglos de historia, y milenios de prehistoria. Ya que, lo que si es seguro, es que el hombre paleolítico habitó el valle del Manzanares, que por entonces, estaba poblado por elefantes gigantescos, toros parecidos al bisonte y ciervos de enorme cornamenta, viviendo en un clima muy propicio por lo húmedo y caluroso.
A mediados del siglo XIX, se realizan en las terrazas de los ríos madrileños Manzanares y Jarama, los primeros descubrimientos de varios yacimientos arqueológicos, con lo que se pone fin a una serie de leyendas y tradi­ciones en torno a los orígenes de Madrid.Se demuestra así la antigüedad de la ciudad, re­montándose al Paleolítico los restos de los pri­meros asentamientos humanos en los márge­nes de estos ríos, mientras que los restos de animales fósiles, pertenecen a los últimos estratos del Terciario.
Estas terrazas en las que el Manzanares ex­cavó su curso a lo largo del Cuaternario, constituyen una de las zonas más ricas en ya­cimientos paleolíticos. Gracias a la aparición de numerosos objetos, se diferencian con cla­ridad las distintas etapas por las que pasó el suelo de Madrid.
El Paleolítico Inferior, con cuan­tiosos yacimientos en ambas márgenes del Manzanares, en los que aparecen hachas de mano con una talla tosca. El hombre está domina­do por la naturaleza y depende de ella, dedi­cándose a la caza, pesca y recolección. En el Paleolítico Medio los útiles están más perfeccionados; trabajando sobre las las­cas, consiguen piezas más pequeñas; aparecen puntas de flecha, raederas, buriles... El homb­re continúa siendo nómada y vive de los re­cursos naturales.
Del Paleolítico Superior han aparecido en ambas márgenes del Manzanares gran canti­dad de yacimientos en los que, además de los utensilios de piedra de períodos anteriores, ahora más finamente tallados y con trabajo de retoque, es importante la industria del hueso con agujas, azagayas y propulsores. Aparecen el arpón y la cestería, a la que se considera precedente de la cerámica. El hom­bre vive formando pequeñas comunidades que van siguiendo a la caza.
En este período ya se observan ritos funerarios en los ente­rramientos descubiertos. El Museo Arqueológico Nacional de Madrid, posee una copiosa colección de restos arqueológicos procedentes de estos yacimientos del Madrid prehistórico.
Como consecuencia de los cambios climá­ticos de finales del Pleistoceno, se producirá lo que se viene llamando revolución neolítica, ya que traerá un cambio total en la so­ciedad. El hombre se verá obligado a cultivar la tierra y criar los animales para procurarse alimentos. Nacen así la agricultura y la gana­dería, y el hombre se hará sedentario.
Estos cambios producidos en la forma de vida de los hombres del neolítico traerán como con­secuencia la aparición de nuevos útiles, como molinos manuales, silos, los telares, la rueda y la cerámica. En los alrededores de Madrid se desarrollará la Cultura del Vaso Campani­forme, que se corresponde con la introduc­ción de los metales.
Durante la Edad del Hierro, Madrid era un pequeño poblado de forma alargada junto a la orilla del río, en el que sus habitantes se dedicaban fundamentalmente a la agricultura, la ganadería y la pesca. La base de la organi­zación social era el clan familiar, y se obser­van diferencias sociales, a juzgar por los ajuares funerarios aparecidos en los enterra­mientos. En este momento tiene gran impor­tancia la cerámica -ya se emplean el torno y el horno-, y la decoración pintada aparece formando motivos geométricos.
La romanización de la Meseta castellana fue lenta, ya que estos pueblos celtíberos pu­sieron gran resistencia a los romanos, siendo al final sometidos y tratados como escla­vos. De los yacimientos más importantes aparecidos en los alrededores de Madrid, destacan los de Carabanchel y Villaverde, con restos de villas de los siglos I, II y III de las que se conservan en bastante buen estado mosaicos y decoración de estucos pintados.
Cuando en el siglo V, los visigodos se esta­blecen definitivamente en la península, Madrid es todavía una aldea en la que la or­ganización local está basada en asambleas ve­cinales. La mayor parte de los yacimientos encontrados en esta zona son necrópolis con sepulturas excavadas a poca profundidad.
Y hasta aquí la prehistoria de Madrid para entrar en el Madrid histórico. El plano que utilizamos comprende desde la glorieta de Quevedo en el norte a la glorieta de embajadores al sur y es el que nos sirve de base.
El Madrid Musulmán
Por que la verdadera historia de Madrid, comienza cuando Mohammed I, hijo de Abderraman II, levantó su Alcazaba en un altozano que dominaba el Manzanares junto a un arroyuelo que discurría a sus pies. Este arroyuelo es hoy la calle de Segovia. Una placa frente a la cripta de La Almudena, nos lo recuerda
En torno a esta Alcazaba, moros y mozárabes formaron sobre un posible y primitivo pueblecito visigodo, la Medina.Todo ello rodeado por una fuerte muralla que arrancaba del ángulo suroeste de la fortaleza, continuaba por el escarpe, llegando a la Cuesta de la Vega, donde se abría una de las puertas. Seguía un lienzo bordeando la Medina. En algún punto de este tramo surgía una coracha o brazo pequeño de muralla, que moría en la Torre Narigués, que debía ser una avanzada sobre la caída del terreno.Continuaba la muralla por detrás del actual edificio de Capitanía, para en la calle Mayor, abrirse otra puerta.
Llegada a este punto, el recorrido de la muralla experimentaba otro giro orientándose hacia el norte, por la actual calle del Factor, para llegar a la también actual Plaza de Oriente donde se abría una tercera puerta, para continuar hacia el noreste y unirse de nuevo a la fortaleza cerrando así el perímetro.
La muralla que hoy conocemos como la muralla árabe y de la que se conserva un lienzo que hoy por hoy, es el mayor y mejor que conservamos, estaba construida de cal y canto, rematada con fina mampostería de brillante pedernal. Juan de Mena diría un día de aquel Madrid lejano que:
"...era cercada de fuego..."
Se referiría, sin duda, a los reflejos dorados que al atardecer, el sol pondría en el duro pedernal del recinto fortificado de aquella pequeña villa, que se había llamado posiblemente Mayryt, Magerit, Maierit a la manera arábiga; Matrice o Matrit a la manera visigoda o latina.
Las dos puertas de la muralla, la del suroeste o Puerta de la Vega que era la salida hacia el río, y la del sureste o de la Medina, en el arranque del camino de Guadalajara, eran las utilizadas mayoritariamente para entrar y salir del pequeño recinto. Ambas puertas, tenían en el cuerpo central un gran arco de herradura, flanqueado a los lados por dos macizas torres.La tercera puerta, llamada de la Sagra, era bastante más sencilla y tendría sólamente utilidad militar.Esta es al menos la descripción que de las puertas madrileñas nos hicieron López de Hoyos y Jerónimo de la Quintana, a finales del siglo XVI y principios del XVII.
Surge así la primera fortificación de Madrid que encerraba la ciudadela y la medina y el perímetro de esta primera muralla, sería una cosa así.
El Madrid Cristiano
Los árabes conservaron la Alcazaba o fortaleza con la Medina en su poder, entre diversas alternativas guerreras por más de dos siglos. La villa fue ampliada por Abderraman III y tras sufrir otra devastación por Alfonso I, en el año 939 fue conquistada nuevamente por Ramiro II.La pequeña Villa de Madrid, pasa a formar parte de la Corona de Castilla al ser definitivamente conquistada el año 1083 por Alfonso VI en su avance hacia Toledo.
Para ubicarnos en la historia, recordemos que Alfonso VI fue aquel a quien El Cid Campeador hizo jurar ante todos los nobles castellanos en Santa Gadea de Burgos que no había tomado parte en la muerte de su hermano Sancho.
Al conquistar los cristianos una ciudad musulnana, lo primero que hacían era sustituir los símbolos musulmanes por los cristianos: la cruz y el pendón.En el caso de Madrid, aparte de sustituir las banderas en lo más alto de la fortaleza, lo más importante fue la de consagrar al culto cristiano la mezquita mayor. Esta estaba junto a la puerta de la Medina y los cristianos la convirtieron en la La iglesia de Santa María que después de varias reconstrucciones perduró hasta mediados del siglo XIX y la puerta aledaña de la muralla, tomó este mismo nombre.
A pesar de todo, Madrid seguiría siendo una medina, donde estaban muy enraizadas las costumbres, la lengua, los tipos y edificaciones musulmanas.Si para los castellano-leoneses, Madrid no había sido una población significativa, para los musulmanes si que lo era. La almudena madrileña era famosa por su soberbia fortaleza, de cuya construcción se sentían orgullosos los árabes y cuya importancia y valor estratégico les era perfectamente conocido. El prestigio y significado del castillo de Madrid será un lugar común en los textos musulmanes.Y si para los cristianos era capital conservar Toledo, la vieja capital visigoda del Tajo, para el mundo musulmán, la llave de la carpetania se llamaba Madrid. La invasión de los almorávides de Al-Andalus, a principios del siglo XII, creó un alto riesgo para los nuevos territorios cristianos.
Un caudillo almorávide, Alí Ben Yusuf, con fama de terrible y duro, arrasó las tierras centrales de la Meseta, y puso sitio a Madrid en el año 1110. Levantó el moro su campamento en una explanada al pie de la mítica fortaleza, cerca del río Manzanares, en un lugar que ya pasaría a la nomenclatura histórica madrileña con el nombre del Campo del Moro, y que hoy son los jardines del palacio real.
No se sabe con exactitud, cuáles serían las intenciones de los sitiadores ni el tiempo que estaban dispuestos a resistir, pero después de varios meses, sitiando el Alcázar y su inmediata medina, poco a poco las huestes de Ben Yusuf, fueron cayendo en el desaliento ante la comprobación de que los sitiados disfrutaban de abundante agua, elemento capital para poder resistir o claudicar. Los almorávides levantaron el campamento y se marcharon desistiendo de poseer nuevamente Madrid.
Y este es el perímetro de ese Madrid.
El Madrid Medieval
Antes de integrarse definitivamente en la cristiandad, la villa de Madrid, ya había adoptado por patrona a la Virgen de la Almudena cuya imagen fue descubierta en un cubo de la muralla, en un punto cercano al actual de unión entre las calles de Bailén y Mayor. De nuevo, la villa de Madrid fue conquistada por los árabes en 1109 por Tejufin, rey almorávide. Y después de una batalla, es de nuevo cristiana.
En el transcurso del reinado de Alfonso VI tuvo lugar el nacimiento de San Isidro. Aquel labrador, jornalero que trabajaba para Iván de Vargas, que con el tiempo habría de convertirse en Patrono de Madrid.
En el reinado de Alfonso VIII, a comienzos del siglo XIII, El Madrid medieval va convirtiéndose poco a poco en una localidad importante.En 1262, Alfonso X el Sabio le otorga el Fuero Real en 1262. El Fuero de Madrid fue un ordenamiento jurídico a seguir por la villa desde 1202 hasta 1348.
Alfonso X el Sabio otorgó el Fuero Real,con privilegios a los caballeros de la Villa y tratando de hacerlo unificadamente, no aceptándolo en absoluto Madrid, que siguió rigiéndose por el antiguo. Por ello, en 1272 y en Burgos, tan solo 10 años después, devolvió por privilegio real el Fuero Viejo, lo que confirmaron posteriormente Fernando IV y Sancho IV.
El Fuero es una serie de normas de aplicación general y mandatos, recogiendo derechos fundamentales y costumbres En el caso de Madrid, fue el Concejo el propio legislador, siendo elaborado por los propios vecinos miembros de dicho Concejo formado por fiadores, andadores, alguaciles, alcaldes, mayordomos, etc,
La reconquista de Madrid tuvo varias consecuencias entre ellas, el desplazamiento de los musulmanes a la colina al otro lado del arroyo de San Pedro y que hoy se conoce como el barrio de la morería en las Las Vistillas. Este lugar había estado poblado anteriormente por los mozárabes y cristianos durante la dominación islámica. Mientras que éstos se asentaban en los antiguos barrios musulmanes de la medina. Las dos comunidades cristiana y mora, coexistieron pacíficamente durante casi medio siglo.
Pero posteriormente, en 1494 sobrevino la expulsión de los infieles y desaparecieron de dicho barrio la sinagoga y otros edificios típicos.
Como consecuencia, se fueron creando nuevas circunscripciones urbanas organizadas en torno a pequeños templos parroquiales, constituyendo, así, las características colaciones urbanas medievales en torno a las iglesias de Santa María, San Andrés, San Pedro, San Justo, San Salvador, San Miguel de los Octoes, San Juan, San Nicolás, San Miguel de la Sagra y Santiago
En las afueras de la muralla cristiana se creó el monasterio de San Martín, de la órden cluniacense. Fue fundado por Alfonso VI y acrecentado en el año 1125 por su hijo Alfonso VII con el privilegio de carta puebla. Esta fundación monacal constituyó el embrión del primer arrabal que se formó en la ciudad.
En el Año 1329, el rey Fernando V reunió las Cortes en Madrid, por primera vez. Los reyes cristianos residían largas temporadas en el Alcazar, que poco a poco iba perdiendo su función militar para convertirse en recinto palaciego, al irse añadiendo nuevas estancias. Casi siempre residió el rey Pedro I en Madrid, para lo cual acomodó el viejo castillo en palacio, y a Madrid fueron traídos sus restos por su nieta doña Constanza, que era abadesa del monasterio de Santo Domingo.
Diez años después, una milicia madrileña participa en la batalla de las Navas de Tolosa llevando ya como divisa un oso con un madroño, escudo actual la de la capital. Fernando IV reúne Cortes el año 1392 y allí se proclama rey a Enrique III, antes de que lo hubiese hecho ninguna otra ciudad.
La antigua Alcazaba, fue destruida por un incendio en tiempo de Enrique II. La reconstruyó ya al estilo cristiano su nieto Enrique III. Juan II, vino a Madrid al cumplir la mayoría de edad en 1420, y al año siguiente reunió Cortes en Madrid

Enrique IV, fue también otro monarca muy aficionado a Madrid, donde solía residir habitualmente.Este monarca de la dinastía de los Trastamara, engrandece Madrid y funda el monasterio de San Jerónimo de El Paso en el camino de El Pardo. Y confirió a Madrid el título de "Muy Noble y Muy Leal".Enrique, era hijo de Juan II de Castilla y de María de Aragón, por lo tanto hermanastro de Isabel, la que sería conocida como "La Católica.
Enrique, era muy guapo, muy buen mozo, pero... impotente. Y por este apelativo se le conoce en la HistoriaEn 1440, contrajo matrimonio con Blanca de Navarra, separándose de ella en 1443 por causa de su impotencia.En 1455 celebró nuevos y fastuosos esponsales en Madrid, con Juana de Portugal, pero la nueva esposa, gozaba de la misma impotencia real que la anterior.
A la reina ésto no le importaba demasiado por que por allí andaba el Beltrán de la Cueva. Y al Enrique tampoco le importaba demasiado, porque se había rodeado de una guardia mora cuidadosamente seleccionada por él mismo. Y cuando lo necesitaba, pues... le arreglaban el cuerpo.
Pero claro, oficialmente, los reyes tuvieron una hija a la que llamaron Juana. Pero los nobles castellanos, que no eran tontos y sabían de quien era la niña, intentaron que reconociera como heredero a su hermano, el príncipe Alfonso, y propagaron el "rumor" de que su Juana era ilegítima, apodándola "La Beltraneja".
Esos mismos nobles castellanos, que ya estaban un poco hartos del contubernio del de la Cueva y de la guardia mora del rey, en una ceremonia conocida como "la Farsa de Ávila", Enrique, fue simbólicamente destronado y su hermano Alfonso proclamado rey. La lucha entre los hermanos duró hasta la muerte de Alfonso en 1468.
Enrique presionado por los nobles reconoció como heredera a su hermanastra Isabel en el Pacto de los toros de Guisando, en septiembre de 1468
El 11 de diciembre de 1474 fallece Enrique IV y la cuestión sucesoria dividió a la ciudad de Madrid en partidarios de Juana la Beltraneja que eran dueños de la mayor parte del recinto madrileño y de Isabel la Católica.
Madrid se pasa al bando de Isabel, pero pronto vuelve a apoyar a Juana, en cuyo bando permanecerá hasta la batalla de Toro, donde se le otorga definitivamente el trono a Isabel. Esta ya estaba casada con Fernando de Aragón y ya se les conocía como "Los reyes Católicos".
En este tiempo, Madrid era una villa con una población cercana a los doce mil habitantes, cuya importancia política se había acrecentado durante los Trastámara.Madrid, gozaba de una privilegiada posición, consecuencia de un favorable ecosistema, abundancia de las aguas y la extensión de los bosques, prados y fuentes que hacían de Madrid una villa bien abastecida.
En la Guia de Madrid de Fernández de los Ríos nos la refleja así:
"...Era la comarca de Madrid fértil, casi un paraíso, a juzgar por lo que dicen algunos cronistas: huertos, bosques, prados, fuentes, un cielo azul y un clima delicioso. Los frutos de la tierra y la caza eran sobrados para mantener la población".

Hay que tener en cuenta que los límites de la villa de Madrid en esa época, eran desde el Alcazar y siguiendo por la actual calle Mayor, no llegaba ni siquiera a la puerta del sol. El límite estaba en la Puerta de Guadalajara. en la mitad del recorrido de esta calle. Y a partir de aquí todo era campo y bosques.
La descripción no debía resultar muy exagerada, si tenemos en cuenta que los bosques y la abundante caza se proyectaban desde la Sierra sin solución de continuidad hasta los mismos arrabales de la villa, donde árboles y caza alcanzaban la actual Gran Vía para enlazar con la Dehesa de la Villa y el monte de El Pardo.
José Manuel Castellanos nos dice:
...los límites de la villa, se iniciaban por el sur en los arrabales de las Vistillas y de Lavapies, en el primero las casas de una planta dispersas y rodeadas de corrales y huertas eran la tónica, articuladas en torno al convento de San Francisco, en donde fueron enterrados Enrique de Villena, Enrique IV y su esposa doña Juana, los Vargas, Luzones y Luxanes entre otros. En torno a las actuales plazas de la Cebada y de Tirso de Molina, existía el arrabal de Lavapies, en donde se concentraba la mayor parte de la población judía de la villa. La plaza de la Cebada, en aquel entonces un gran descampado, era lugar de comercio de granos, tocino y legumbres, al norte de la misma se localizaba el gran caserón destinado por Beatriz Galindo a hospital, conocido como hospital de La Latina en honor a su fundadora, cuya construcción se inició en 1499, donde hoy está el teatro de La Latina, edificado en las extensas propiedades de Francisco Ramírez, su esposo Cerca de él se encontraba el viejo matadero municipal, que pronto fue trasladado mediante autorización de los Reyes Católicos por la insalubridad y los malos olores que del mismo se desprendían....
Los Reyes Católicos, hacen su entrada en Madrid, el año 1477, hospedándose en un palacio de la plazuela de la Paja propiedad de los Lasso de Castilla. Confirmaron a Madrid en todos sus privilegios en 1476 y el pueblo les vio administrar justicia personalmente en el alcázar. Los reyes desmantelan puertas y murallas, posibilitando de esta forma el crecimiento de la villa. Una de sus primeras actuaciones fue trasladar el convento de San Jerónimo, que estaba en las afueras al lugar en que se encuentra hoy.
Tras la muerte de Isabel, El cardenal Cisneros durante su regencia fijó en Madrid su residencia. Y entra en la historia, el nieto de los Reyes Católicos, Carlos I, quien mostró gran predilección por Madrid, entre otros motivos, por haber logrado curarse aquí de unas pertinaces fiebres tercianas.
Más tarde, en 1516 los comuneros ocuparon Madrid poniendo sitio al alcázar, que no lograron rendir. Fue precisamente por estas fechas cuando se construyó una nueva puerta de la villa. Era muy sencilla y tenía un sol pintado sobre su dintel por lo que se le llamó la Puerta del Sol.
Hoy el lugar en el que estuvo esta puerta es el centro neurálgico de Madrid, conservando su nombre y siendo la única plaza que no lleva el nombre de plaza precisamente: solamente Puerta del Sol. Pero volvemos a los comuneros.
Durante la guerra de las Comunidades, Madrid tomó partido por los Comuneros. Madrid, se sumó al movimiento engrosando el ejército de Juan de Padilla, lo que no impidió que, más adelante, el emperador le concediera el título de "Imperial y Coronada". Concediendo a la villa de Madrid el privilegio de ostentar una corona sobre su escudo.
Carlos I, hace reconstruir el Alcázar que había sido muy dañado durante el asunto de La Beltraneja y después con la guerra de los Comuneros y lo convierte en residencia real.
En la batalla de Pavía, Carlos I hace prisionero a Francisco I de Francia Le retiene en la Torre de los Lujanes en la actual Plaza de la Villa. Pero a los pocos días lo aloja en el Alcázar, no ya como prisionero sino como invitado. La verdad es que no estaba prisionero. El francés, se paseaba por Madrid a sus anchas y a cuerpo de rey hasta la firma del tratado de Madrid. Y de ahí la frase: "Viva el lujo y quien lo trujo"
Madrid había alcanzado a finales del siglo XV una población cercana a los 12.000 habitantes y prácticamente la totalidad del suelo urbano había sido ocupado con nuevas edificaciones.
Enrique IV había concedido en 1463 licencia para un mercado franco en la plaza junto al Alcázar. Después se completó la actividad comercial en una extensa explanada en la salida del camino de Atocha que se conocía como plaza del Arrabal y que hoy es la Plaza Mayor.
Nuevas fundaciones monásticas se instalan en Madrid. El viejo Alcázar, cada vez más frecuentada por los reyes, se fue transformando en una residencia palaciega. Las obras de mejora comenzaron con Enrique IV, continuaron después con los Reyes Católicos. Y en el caserío de Madrid, se comienzan a construir casas señoriales. El perímetro de ese Madrid era una cosa así:
Madrid se convierte en Capital
El gran impulso para la expansión de Madrid comienza con el reinado de Felipe II, que instala en 1561 la Corte. Se inicia, en rigor para Madrid, el período de los Austrias y Madrid, como mancha de aceite, comienza a dilatarse en extensión.
A finales del siglo Madrid había duplicado esa superficie y con­tinuaba creciendo sin un plan racional.Por este asentamiento de la corte, Madrid, se convirte en punto de cita de religiosos de todas las na­ciones, mercaderes, diplo­máticos, soldados, truhanes, príncipes, hasta hacer escribir a Navarrete que:
"...toda la inmundicia de Europa ha venido a España, sin que haya quedado en Francia, Alemania, Italia, Flandes, y aun en las islas rebeldes, cojo, manco, tullido ni ciego, que no haya venido a Castilla..."
Una provisión del Consejo de Castilla, fechada en septiembre de 1567, nos permite conocer el contorno de la cerca que limitaba Madrid. Los puntos salientes de ese perímetro estaban en la Puerta de Toledo, calle de Lavapiés, puerta de Antón Mar­tín, Carrera de San Jerónimo, Puerta del Sol, Cedaceros, Peligros, Puerta de Santo Domingo para bajar hacia el Alcázar y comple­tar el cierre.
Madrid detiene su crecimiento
Felipe III, traslada a Valladolid la corte. A pesar de ello, Madrid sigue extendiéndose acelerando su crecimiento con la vuelta de la Corte en 1606. Por lo que en 1625, Felipe IV, ordena el levantamiento de una cerca que impidiera este crecimiento gigantesco, que ya producía sobre la vida cotidiana de los madrileños toda una serie de inconvenientes y problemas.
Y se detuvo su crecimiento, pues Madrid no volvió a crecer en extensión hasta el siglo XIX en el que se comenzó el derribo de la cerca. Los límites marcados por dicha cerca son hoy las llamadas Rondas de Toledo, Embajadores y Valencia, los paseos del Prado y de Recoletos, y los bulevares de Génova, Sagasta, Carranza y Alberto Aguilera.
Aquí vemos el plano de la zona.
Pero es mejor conocer este Madrid a través del plano de Texeira,que es mucho más explícito. Pero antes, recordamos algunos de los sitios y monumentos creados en el Madrid Medieval.
LAS SEGUNDAS MURALLAS DE MADRID: Según Mesonero Romanos, el recinto amurallado en tiempos de Alfonso VI sería el siguiente:
Arrancando por detrás del Alcázar seguía recto hasta la Puerta de la Vega (hoy calle Mayor/calle Bailén) continuando por la calle Bailen y descendiendo a las huertas de Lozacho (hoy calle Segovia), remontaba hasta las Vistillas para meterse por la calle de los Mancebos y saliendo a San Andrés, antigua fortaleza menor, seguía a Puerta de Moros.Desde allí tocando en los límites de la Cava Baja y calle del Almendro llegaba a Puerta Cerrada, subía por la Cava de San Miguel hasta la calle Mayor, llamada durante mucho tiempo de las PlateríasEn linea recta iba por la calle Milaneses, continuando por las calles del Espejo y la de la Escalinata llegando a los Caños del Peral, torciendo por último hacia el Alcázar.
Aunque se conservan varios fragmentos de la muralla cristiana que forman parte de los cimientos de algunas de las casas de la Caba Baja, los únicos restos visibles de esta muralla se encuentran en la calle del Almendro. Se pueden ver dos fragmentos.
Y aunque el recinto está cerrado con una verja, los restos están totalmente abandonados a merced de los matojos salvajes, gatos, vecinos que tiran las bolsas de basura ect.Lo que en lugar de ser un recinto histórico, parece un verdadero basurero.




CASA DEL PASTOR: Ocupaba una manzana de la calle de Sego­via. Fue el primer ayunta­miento trasumante entre Madrid y Tole­do. En su fachada aparecía el escudo de la Vi­lla, de grandes dimensiones, con el oso y el madroño, lo que revela la importancia de es­ta construcción en el período medieval. Hoy su lugar lo ocupa un moderno edificio de viviendas y en su fachada que da al pie del viaducto, se ha colocado el antiguo escudo.

PLAZA DE LOS CARROS: Junto a la Puerta de Moros llamada así por ser la salida del recinto amurallado hacia el barrio de la morería. El nombre de Plaza de los carros, se debe a que en este lugar se asentaban los viajeros cuan­do llegaban del exterior con sus carros. La Plaza de los Carros, junto con la Plaza de la Paja y la Plaza de la Cruz Verde, formaba el conjunto urbano más destacado de aquel tiempo. Funcionaba como arteria vital de la ciudad, ya que aquí se daba cita la población con un carácter co­mercial y de reunión.

PLAZA DE LA PAJA: Entre la calle de Segovia y la iglesia de San Andrés, se encuentra la Plaza de la Paja, lugar donde se mercantilizaba la paja para las caballerías.
Se consideraba esta plaza como la mas im­portante del Madrid medieval de ahí su tra­zado, totalmente irregular y abierto, con va­rias salidas a calles. La Plaza de la Paja era el principal foco comercial y civil de la ciudad.

PLAZA DE LA CRUZ VERDE: Está en la calle de Segovia. En esta plaza estaban los abrevaderos donde iban a repostar las caba­llerías que entraban, por la Puerta de Moros. Aún hoy se sigue conservando una fuente, no de esa época, sino de 1850. Esta Plaza debe su nom­bre a que allí existía una gran cruz de madera pintada de verde, que era utilizada por la Inquisición.

SAN ANDRES: Era una de las diez iglesias más antiguas de Madrid dentro del recinto amurallado medieval. Aquí estuvo el cuerpo de San Isidro. Su arquitecto es anónimo. En cuanto a su es­tilo, era el de gótico-mudéjar. Hoy la igle­sia primitiva ha desaparecido y en su lugar se encuentra la actual, que ha sufrido varias re­paraciones y reconstrucciones.
Dentro de la iglesia se encuentra la capilla de San Isidro.

SAN PEDRO EL VIEJO: En la calle del Nuncio se encuentra la iglesia de San Pedro el Viejo. Fue mandada construir por deseo del monarca Alfonso XI para conmemorar la batalla de Algeciras, a mediados del siglo XIV. Su arqui­tecto es anónimo, y sigue el estilo mudéjar. Es una de las parroquias más antiguas de Madrid.
Es una de las iglesias primitivas de Madrid y corresponde a un tipo del arte mudéjar que se encuentra en algunos pueblos madrileños.
El templo adyacente fue reconstruido en el siglo XVII en estilo rena­centista, aunque conserve vestigios del gótico anterior. Un retablo atribuido a Churriguera y algunas esculturas de Manuel Gutiérrez, imaginero del siglo XVII, son lo más notable de este viejo templo, mucho menos interesante que la torre cuya inclinación ha llegado a ser de sesenta y cinco centímetros con referencia a la base, pero que ha sido convenientemente consolidada.En la calle del Nuncio

SAN NICOLAS DE LOS SERVITAS: Se encuentra esta Iglesia en la calle de San Nicolás, y da, por tanto, nombre a la calle. Es una de las iglesias más antiguas de Madrid. Sigue un estilo mudéjar; su arquitecto es anónimo. La iglesia ha sufrido varias transformaciones, pero conserva parte de la torre mudéjar, del tipo de alminar musulmán, que por sus arquerías repeti­das, se considera del siglo XII y que, por lo tanto, fue construida ya por los cristianos. Su artesonado y yesería en el interior son del mismo estilo. El campanario propiamente dicho, que es neoclásico, y el chapitel filipino que la corona, le arrebatan la pureza que conserva su hermana mudéjar de San Pedro el Viejo.
El templo anexo, también restaurado, muestra un hermoso arco túmido al final del presbiterio. Hoy día sigue dedicándose este edificio también al culto. Su situación, está en la calle San Nicolás, esquina a la del Biombo

CAPILLA DEL OBISPO: En la antigua Plaza de la Paja, está situada la Capilla del Obispo. en la que es fama que el Cardenal Cisneros pronunció su célebre frase: "Estos son mis poderes", que no fue exactamente así, como sucede con todas las frases célebres. Se llama así porque habiendo sido iniciada su construcción por el consejero de los Reyes Católicos, don Francisco de Vargas quien ordenó en 1520 su construcción., se terminó en 1535 bajo el cuidado del hijo de éste, don Gutierre de Vargas Carvajal, que fue obispo de Plasencia de ahí su nombre popular.
En 1518 se le fue concedida a la familia Vargas la custodia de la urna en la que reposaban los restos del cuerpo de San Isidro. En 1544 al perder el pleito con la parroquia de San Andrés, tuvieron que devolver a la iglesia y la capilla queda como panteón de la familia.
Es una preciosa nave de estilo gótico, enriquecida por un espléndido retablo del altar mayor, obra del discípulo de Berruguete, Francisco de Giralte, quien lo concluyó hacia 1550. Francisco Giralte también construyó el sepulcro del obispo fundador, con su estatua orante y la de sus familiares; así como los sepulcros de los padres de éste, Francisco de Vargas e Inés de Carvajal, entre ellos el licenciado Barragán, capellán mayor de la capilla situados a ambos lados del presbiterio. Los sepulcros, ya de estilo plateresco, son de alabastro Es uno de los monumentos que podemos contemplar hoy perteneciente a la época del Madrid Medieval.

SAN JERÓNIMO EL REAL: En la actual calle Ruiz de Alarcón, se encuentra San Jerónimo el Real Enri­que IV fundó en 1462 un monasterio jeróni­mo en el Camino de El Pardo. El inicial monasterio llamado de Santa María del Paso, edificando cerca del Manzanares, para conmemorar, por deseo del rey Enrique IV, el gallardo mantenimiento del Paso Honroso, por su favorito don Beltrán de la Cueva, en honor de su dama la reina doña Juana.
En 1501, los Reyes Católicos, ante el mal estadó que ofrecía, decidieron cambiar de lu­gar el monasterio, llevándolo a su actual em­plazamiento. Se terminaron las obras, si­guiendo un estilo gótico, en 1505. Tendrá gran relieve para la historia de España, pues ya desde Carlos 1 existía el llamado «Cuarto Viejo», donde el emperador pasara tiempos de luto y cuaresma.
Ya en 1510 se celebraron en San Jerónimo Cortes convocadas por Don Fernando el Católico; y por haber en el monasterio un cuarto real construido por Luis de Vega, arquitecto de Don Felipe II, allí se célebraron durante siglos las juras de los Príncipes de Asturias, capitulos de las Órdenes Militares y bodas regias.
Allí se celebraron Cortes del Reino y ju­raron los príncipes de Asturias, desde Feli­pe II a Isabel II; allí se casó Alfonso XIII y se celebró la exaltación del Rey Juan Carlos al trono, en 1975. Actualmente el edificio está totalmente res­taurado en estilo neogótico; restauración, he­cha por Narciso Pascual y Colomer, en la se­gunda mitad del siglo XIX, en lo relativo a la parte exterior del edificio. El interior sería restaurado por Enrique Repulles y Vargas, quien, al igual que Pascual y Colomer, no fue fiel al modelo primitivo, ya que dio al interior de la iglesia una decoración román­tica.
Así que lo que hoy se ve, es muy distinto de la primitiva construcción de ladrillería mudéjar. Cuatro reconstrucciones sucesivas le han dado su fisonomía actual, que se aleja un tanto del gótico de otros templos isabelinos levantados en Ávila, Segovia y Toledo. Todavía hay, sin embargo, elementos de la fachada principal y de las late­rales,. reconstruidos o repuestos con el pedernal de la obra primi­tiva y ladrillo del mismo color. Conserva, asimismo, un claustro del siglo XVII.

MONASTARIO DE LAS DESCALZAS: Por encargo de la princesa doña Juana de Aus­tria, la hija menor de Carlos V y Doña Isabel de Portugal, encargó el monaterio de Las Descalzas Reales: a los artifices Antonio Sillero y Juan Bautista de Toledo, arqui­tecto éste del monasterio de El Escorial. En 1559 comenzó la trans­formación del antiguo palacio, quizá de Donjuan II, en el que había nacido la princesa, en el convento.
Lo queria Doña Juana de Austria para instalar en él a las religiosas franciscanas descalzas de la Orden de Santa Clara, que había traído del convento de Gandía, fundado por el papa Alejan­dro VI.
La iglesia, dirigida por Toledo, estaba terminada en 1564. El palacio, transformado por Sillero en en el estilo que dominaba en su tiempo. Pese a la posterior reforma el conjunto es una valiosa muestra del momento en que el renacentismo ha clausurado el periodo ojival más propio del medievo.
Encierra el monasterio grandísimas ri­quezas artísticas, ya que fue muy protegido por reyes y pontífices. Una parte ha sido abierta al público como museo. Joyas, relicarios, tapices de gran belleza y mayor valor, tallas de Becerra y Pedro de Mena, cuadros de Sánchez Coello, Tiziano y otros maestros y otras muchas piezas forman un verdadero tesoro de arte que preside la estatua orante de la fundadora, realizada por Pompeyo Leoni, instalada en la iglesia al lado de la Epístola.

TORRE DE LOS LUJANES: La Torre de los Lujanes, se encuentra en la Plaza de La Villa frente al Ayntamiento de Madrid. De lo que fue palacio de tipo toledano, comprado por los Lujanes a los Ocaña, sólo queda una recia torre aparejada con pilares y cajones de tierra, una portada gótica en la plaza de la Villa con grandes dovelas recortadas. No se sabe el nombre de su arquitecto, pero sí que fue construida a finales del siglo xv y princi­pios del siguiente
Por tanto, es de las pocas construcciones que permanecen en Madrid de aquella época. Pertenecía esta edificación a una de las nobles familias madrileñas, de los Lujanes, como puede verse en los escudos de la portada gótica de la Casa. Su estilo es el gótico mudéjar. Corserva un precioso arco de herradura que da a la calle del Codo y que conserva la antigua puerta de madera claveteada
Don Pedro de Luján hizo abrir esa puerta gótica entre 1472 y 1494, para dar salida al edificio después de haber sido éste repartido por su padre. La tradición quiere que en esta torre estuviera prisionero el rey Francisco 1 de Francia, después de la batalla de Pavía, pero no hay documentos históricos que lo justifiquen.

CASA DE CISNEROS: La llamada Casa de Cisneros, fue construida ya en la mitad del siglo XVI por Benito Jiménez de Cisneros, sobrino del Cardenal. Encaja bien en la fisonomía de la plaza de la Villa y conserva una notable fachada a la calle del Sacramento.

Y esta es más o menos, la evolución de Madrid en cuanto a su superficie hasta 1870 en el que se derriba la cerca de Felipe IV, aunque ya había muchas partes derribadas extraoficalmente ya que en ese Madrid del siglo XIX era imposible mantener esos límites debido al gran crecimiento demográfico.
Pero antes de que eso ocurra, volvemos al "Madrid de los Austrias", que podemos recordarle mejor a través del Plano de Texeira


El Madrid de los Austrias

CARLOS I
En el apartado anterior, hemos visto la evolución de Madrid durante la Edad Media y el Renacimiento, comprobando como Madrid, cada vez más, va protagonizando los aconte­cimientos históricos y como poco a poco va aumentando su importancia.Se suceden las Reuniones de Cortes cada vez más frecuentes, desde que en 1301 se celebrasen las primeras, propiciadas por Enri­que IV quien concedió a la Villa el título de «MUY NOBLE Y MUY LEAL» y dando facilidades a los monjes Jeró­nimos para que se instalasen en el camino del Pardo fundando el Monasterio de San Jerónimo de El Paso.Los Reyes Católicos siguieron aumentan­do la importancia de Madrid con sus fre­cuentes visitas,con las celebraciones de Cortes y la fundación de conventos y hospitales.Durante su reinado los Jerónimos se trasladaron al Prado de Atocha, y ya, en ese emplazamiento que es el actual, se reunieron las Cortes para tomar juramento al rey Fernando, viudo de Isabel, como re­gente en 1509.
Carlos I convocó en Madrid las Cortes del Reino, primero en 1528, en la iglesia de San Jerónimo, para la jura de su hijo Felipe como príncipe de Asturias, y después en 1534.También favoreció a esta villa con notables privilegios y distinciones, eximiéndola de algunos impuestos y concediéndo nuevas franquicias y mercados.
Accediendo a la petición de sus procuradores de colocar una corona real sobre el escudo de sus armas, el emperador, concedió a Madrid el título de "VILLA IMPERIAL Y CORONADA". Carlos, contribuyó también a su engrandecimiento material emprendiendo la suntuosa reedificación del Alcázar, convertido ya por él, en palacio Real.
En los primeros años de la dinastía de los Austrias, la corte española seguía siendo itinerante, ya que después de la unificación de España por los reyes Católicos, el país exigía la vigilancia y supervisión personal del monarca, por lo que la corte sufría constantes desplazamientos.Aunque principalmente residía entre Toledo y Valladolid, también fueron frecuentes los traslados a otras ciudades como Granada o Zaragoza.
En estas ciu­dades que temporalmente albergaban a la Corte, se celebraban grandes y brillantes fiestas, propias del boato y magnificencia que rodeaban a la corte bor­goñona.Estas fiestas, serán el antecedente de las que luego caracterizaron posteriormente el reinado de los Austrias en el siglo XVII, cuyo escenario prin­cipal será Madrid.
Al margen de la corte, el emperador Carlos pasó largas tem­poradas en Madrid, y esto influyó sin duda en el crecimiento de la importancia de la ciudad. Muy aficionado a la caza, Madrid ofrecía un lugar ideal para practicar esta afi­ción, ya que estaba rodeado de grandes y abundantes bosques.
Por su iniciativa se llevarían a cabo importantes reformas urbanas: Ordenó el ensanchamiento de una de las puer­tas de la antigua muralla, la Puerta de Gua­dalajara, en la calle mayor, para que pudieran pasar sin problemas los numerosos carruajes que acudían con su mercancía al mercado que se celebraba en la Plaza del Arrabal, la que más tarde sería la Plaza Mayor.
Siguiendo la tradición borgoñona de que el heredero de la Corona debía tener una pequeña Corte en lugar diferente al del rey, el emperador decide dar casa propia a su hijo, el futuro Felipe II, y elige como residencia del príncipe, el Alcázar de Madrid.Para tal fin, se harán importantes reformas, comprándose terrenos limítrofes con el palacio. Esta decisión del emperador será un paso decisivo hacia la elección de la Villa como residencia permanente de la Corte.
En esta primera mitad del siglo XVI, se construyen en Madrid algunos palacios de cierta importancia, como el de Don Alonso Gutiérrez, tesorero del emperador, en el que vivió la emperatriz Isabel, hija de Carlos I y que más tarde, en 1557, se convertiría en monasterio de las Descalzas Reales, y el de Don Benito Jiménez de Cisneros, sobrino del famoso cardenal, por lo que fue conocido como Casa de Cisneros.
Se pueden mencionar también en esta época, la fundación de los hospitales e iglesias del Buen Suceso, San Juan de Dios, la casa de Misericordia y otros.La suntuosa capilla llamada del obispo don Gutierre de Vargas, contigua a San Andrés, la del convento Real de Atocha, la parroquia de San Ginés, y otras varias iglesias y casas religiosas.
Comenzó en esos años a poblarse el dilatado campo que se extendía desde la Puerta del Sol, hasta el convento de San Jerónimo en el Prado.Sin embargo, hasta este tiempo, Madrid, no había, progresado materialmente al compás de la importancia que ya le daban su carácter de corte casi constante de Castilla.Pues, según el historiador Fernández de Oviedo, la población de esta villa en los principios del siglo XVI no pasaba de tres mil vecinos, si bien crecía o se aumentaba rápidamente, como lo expresa el mismo escritor en estos términos:

"En el tiempo en que yo salí de aquella villa para venir a las Indias, que fue en el año de 1513, era la vecindad de Madrid de tres mil vecinos, et otros tantos los de su jurisdicción et tierra; et cuando el año que pasó de 1546 volví a aquella por procurador de la ciudad de Santo Domingo et de esta isla Española... en sólo aquella villa y sus arrabales había doblado o cuasi la mitad más vecinos, et serian seis mil poco más o menos, a causa de las libertades, et franquicias, et favores que el emperador rey D. Carlos nuestro Señor le ha fecho"

Efectivamente, consta ya que algunos años después de la época en que escribía Oviedo, y aun antes que el monarca Felipe II determinase fijar en Madrid su corte, tenía ya esta villa una población de venticinco a treinta mil almas, y un caserío de más de dos mil quinientos edificios.Este progreso, venía produciéndose durante todo el siglo XV, por la especial predilección que había merecido Madrid a los monarcas anterioresEspecial mención se debe a Juan II y Enrique IV, que residieron, casi constantemente en Madrid.A la católica reina Isabel, y últimamente al poderoso emperador Carlos. Pero con todo, no era todavía nada comparativamente con el que se produjo al ser escogida por su hijo y sucesor Felipe II para corte y capital de la monarquía.



FELIPE II
El momento que marca el inicio del esplendor de Madrid es, sin duda, el asentamiento de la Corte en mayo de 1561 por orden de Felipe II, por lo que la corte deja de ser itine­rante.Este hecho se debió a una serie de acontecimientos, entre ellos, el desarrollo del sistema de gobierno. Los funcionarios, archi­vos y correspondencia llegaron a ser tan nu­merosos que surgió la necesidad de una capi­tal estable, donde pudiera centralizarse todo el apa­rato burocrático.
El rey no gobernaba solo, sino con la colaboración de unos consejos especializados en Hacienda, Inquisición, In­dias, etc.Cada consejo estaba compuesto por unas diez o quince personas, en su mayoría letra­dos. Estos consejos examinaban los problemas que eran importantes. Entre el soberano y los consejos, el enlace se hacía por medio de los secretarios, que acaban ejerciendo un papel de primer plano en la vida política. Más tarde, en el siglo XVII, con los Austrias llamados «menores», surge la figura del «valido», especie de primer ministro que concentraba en sus manos las riendas del gobierno.
Mucho se ha especulado sobre los motivos que indujeran al monarca a abando­nar la imperial Toledo, y establecer la sede de su monarquía en una pequeña villa como era la de Madrid.Entre las posibles razones que pudieron pesar en el ánimo del rey figura la situación geográfica ya que al estar situada en el centro de la península ofrecía mejores comunicaciones con todos los puntos del reino. Siendo un centro importante de comunicaciones, don­de se concentraban casi la cuarta parte de la red de caminos de España.Otra de las razones pudo ser la proximi­dad con El Escorial, lo que facilitaba al mo­narca los continuos desplazamientos para su­pervisar las obras del monasterio. Así lo ex­pone Elliot:
«Los principios de armonía matemática presentes en la arquitectura del Escorial fueron aplicados también a la elección de un capital. En 1561 la Corte Española, que siempre se había desplazado de ciudad, se trasladó de Toledo a Madrid. Parece ser que en aquella época el traslado no se consi­deraba definitivo, pero Madrid estaba conve­nientemente cerca del palacio del .Escorial y fue gradualmente reconocida como capital del reino. El único derecho de la ciudad a este alto honor residía en su situación geográfica de centro matemático de España, y esto hacía en cierto modo inevitable su elección.
La existencia del Alcázar pudo ser tam­bién un factor importante en la decisión de situar aquí la Corte. El palacio, después de las reformas realizadas por deseo del empera­dor Carlos, resultaba más grande y suntuoso que los de Toledo, Segovia o Sevilla, y más apropiado incluso para albergar al monarca. Los rigores climáticos de Toledo, varias en­fermedades que tuvo la reina Isabel desde su llegada a aquella ciudad, la abundancia de agua de Madrid, su aire saludable, la rica ca­za de sus cotos, son motivos que diferentes autores han ido aduciendo a lo largo de los años.
Algunos historiadores aluden también co­mo causa del traslado al hecho de ser Toledo una ciudad poco grata al rey y a su esposa, Isabel de Valois, ya que al ser Sede Primada de Las Españas en ella «la población giraba mucho más alrededor de la Mitra que de la Corona», hecho que motivó algunos roces entre Felipe II y el cardenal primado.Sin embargo, no puede asegurarse a ciencia cierta, pues no existe ningún documento que informe sobre esta decisión real.
No cabe duda de que Felipe II, es la figura más discutida de la historia de España. Su persona, su política, su grandeza, sus virtudes y sus defectos, se han puesto en entredicho una y mil veces.Estudios monográficos de su persona y de su reinado han servido a unos para ensalzar desmesuradamente su grandeza y a otros para vituperarla.Se ha criticado su absolutismo, el afán personal de supervisarlo todo, cuando los reinados siguientes han caído en el vicio opuesto.
No es el reinado de Felipe II el que se preste a la deducción clarividente de los hechos. Si no por el contrario, andan por medio las suposiciones, las leyendas y no pocas veces la ausencia de documentación.Su religiosidad, bien o mal entendida, ha sido igualmente el caballo de batalla, tan censurado por los de fuera, como alabado por los de dentro.

De cualquier forma, los madrileños debemos a Felipe II, que Madrid sea la Capital de España.Pero, Madrid, era en 1561 una ciudad pequeña, carente de la infraestructura necesaria para albergar a Corte, con toda la cantidad de funcionarios que rodeaban al soberano, entre ma­gistrados, secretarios, consejeros, criados, no­bles, etc. Según cita Alvar Ezquerra:
«...había más de ciento cuarenta cargos (que no perso­nas) atendiendo sólo y exclusivamente a la Casa Real. Cada uno de estos cargos recaía en varias personas, lo que hace que a princi­pios del siglo XVII haya aproximadamente mil doscientas veinte personas pendientes de la figura del rey (como hombre y no como go­bernante). Estarían después los políticos y burócratas que componen la organización ad­ministrativa: Chancillería, Consejos, Audiencias, Tribunales, etc..»
Además de toda esta masa de funcionarios, acudía a la Corte la nobleza que gustaba de vivir cerca del monarca, pues cerca del poder real, podían obtener privilegios y prebendas. Pero acudían también en gran proporción gen­tes de toda condición social, muchos sin aco­modo ni hacienda, que venían a la Corte seduci­dos por el esplendor de ésta y por el refina­miento de sus formas de vida. Así nos lo indica Braudel:
«A lo largo de las rutas que confluyen a Madrid circulan una incesante procesión de pobres; funcionarios sin empleo, capitanes sin soldados, gentes humildes en busca de trabajo caminando detrás de un bo­rrico sin carga y que se mueren de hambre, esperando en la Villa y Corte que se decida acerca de su situación.»
Madrid, comienza a extenderse como mancha de aceite. Se explica esta dilatación de Madrid por la picaresca madrileña. Al asentar Felipe II la corte en Madrid, que todavía seguía siendo prácticamente una villa medieval, sin grandes edificios, obligo a los madrileños a alojar en sus casas a los miembros de la Corte, a través de lo que se llamaba "regalía de aposento".Esta era una órden regia que obligaba a los propietarios de casas de más de un piso a ceder las demás plantas, de forma gratuita, a dichos miembros de la Corte para solucionar así el problema del alojamiento de funcionarios, cortesanos, servidores, etcétera
Lógicamente, los madrileños comenzaron a construir casas de una sola planta para eludir esta obligación. Pero, había otro motivo además:El primer piso de las casas, pertenecía al rey y que podía venderlo a quien quisiera. Si el propietario de la casa podía pagarselo,el piso se lo compraba al rey.Pero si no lo tenía, era preferible construir una casa con una sola planta. De esta forma, todo Madrid era totalmente plano de una sola planta a excepcion de conventos e iglesias.
En caso de ins­pección,las casas de más de un piso, se enmascaraban destinando, solo aparentemente, la planta baja a los establos, la primera a la vivienda y la segunda al desván, aunque en la realidad es que se utilizaban todas las plantas como vivienda y de ahí su nombre de "casas a la malicia".
Las casas fueron levantadas deprisa y corriendo, sin garantías de salubridad, con materiales pobres y malos, y sin guardar las más elementales normas de urbanismo. Los propietarios de los solares, campos, fincas o huertas los vendieron o parcelaron con rapidez, queriendo aprovechar la sorprendente demanda de vivienda o alojamiento.Las fachadas no guardaban, por lo general, una alineación continua, lo que hacía que las calles tuviesen recovecos, entrantes y salientes continuamente. También en los voladizos, se producían toda clase de excesos.
Al morir en 1598 Felipe II, la población de Madrid se había triplicado en relación a la que tenía en 1561 cuando la villa contaba con 20.000 habitantes.En 1570, había subido la población de Madrid a 35.000, alcanzando a fines de siglo la cantidad de 65.000 almas; al acabar el siglo XVII la cifra es ya de 100.000 vecinos.
En 1563, en el mes de Febrero comienza la gran obra de Felipe II: se coloca la primera piedra del Monasterio de El Escorial.
A los pocos años, se sustituyó la "regalía de aposento" por un impuesto, con­tribuyendo ésto a la subida de alquileres y al aumento del precio del suelo.El resultado fue que la nueva población que seguía acce­diendo a la Corte, no podía pagar estos al­quileres, con lo que se ve obligada a instalarse fuera de la cerca y en poco tiempo, nuevamnete, proliferan casas, posadas, mesones y nucleos de población en el exterior de la cerca.Fue tan grande el crecimiento de Madrid con el reinado de Felipe II, que hacia 1594 tuvo que construirse una nueva cerca, de carácter fiscal, con puertas y portillos y que englobaba los arrabales y espacios interiores, llegando ya hasta la Puerta del Sol.
Mientras, Felipe II dirigía desde el Alcázar madrileño todo su vasto Imperio, que en este momento llegaba a su cenit. Imperio en el que no se ponía el sol



FELIPE III
Se ha dicho y repetido mil veces que la decadencia española empieza con el reinado de Felipe III. Cuya ineptitud para gobernar le llevó a dejar las riendas del poder en manos de sus favoritos.
Analizadas las causas que motivaron esta decadencia, hay que convenir que no explican satisfactoriamente el hecho del rápido y vertiginoso descenso de este siglo en lo que a la política se refiere, tan íntimamente unida a lo militar
Acaso el germen de tanta ruina, se incubara al tiempo mismo que su grandeza.Aquella tenaz persecución a los hombres que con tanto celo defendieron las libertades de Castilla en tiempo de los Reyes Católicos y Carlos I (Los Comuneros de Castilla) y después en Aragón, con Felipe II, yugularon una fuerza que hoy llamaríamos democrática y que retrajo los nuevos impulsos desvalorizándo las ideas que, por romper la monotonía de la burocracia, podían ser salvadoras en un momento dado.
Pero realmente, la descomposición del Imperio se debe a la inoperancia de los reyes y al poder de los validos. Poder, que se convirtió en poderío y no en valía como hubiera sido de desear.
El problema de la vivienda llegó, a ser tan grave en la Corte que muchas gentes te­nían que vivir en los sótanos de las casas, que se llamaban «cuevas». Así lo indica Jeró­nimo de la Quintana, cronista de la época:
«...porque en la mayor parte de las casas hay debajo de tierra sótanos y aposentos y en los más de ellos vive y habita de ordinario la gente»
García Mercadal reproduce las im­presiones de algunos extranjeros que visitaron Madrid. Así, un viajero italiano se refiere en tono despectivo al mundo subterráneo en el que viven los vecinos de la capital y al nulo valor arquitectónico de los edificios de vivienda:
«...han aprendido la arquitectura de los topos, la mayor parte de sus casas no son más que tierra a manera de toperas, de un solo piso. En aquellas más ricas construidas, la mula que llevó los ladrillos tiene tanta par­te en la gloria de la obra como el arqui­tecto»
Así se formó un Madrid de muy poco interés arquitectónico y urbano. A ello con­tribuyó la excesiva división de los solares, ante la falta de espacio para construir y la subida del precio del suelo, consecuencia del gran número de casas «a la malicia» que había en toda la ciudad.Por otra parte, los nobles no construyen grandes y suntuosos palacios, como ocurría en esa época en otras ciudad europeas, y aún españolas, sino grandes ca­sonas, de aspecto mediocre al exterior, sin ningún valor arquitectónico.
Como nos cuen­ta Marcellin Defourneaux:
«...las casas más humildes se hallan generalmente construidas con adobes o ladrillos y tan sólo una fachada de piedra distingue las ricas casas burguesas o señoriales. Las ventanas son pequeñas, a menudo sin cristales, sustituidos éstos por una hoja de pergamino que no deja pasar la luz, pero casi siempre guarnecidas por rejas de hierro»
Bajo los reyes de la Casa de Austria la villa se estira, surgen iglesias y monasterios.En el Plano de Texeira, se relacionan 47 conventos 31 de religiosos y 26 de monjas. Estos conventos con sus dependencias y huertos, ocupaban la tercera parte de la superficie de Madrid.
En lo concerniente a Madrid, Felipe III que había nacido en su Alcazar, a los tres años de su reinado, se llevó la Corte a Valladolid. ¿Por qué? Porque por su poca capacidad delegó las riendas en favor de un delegado o favorito, que no tenía un cargo específico.
Algunos de los validos:Francisco de Sandoval duque de Lerma, valido de Felipe III. Duque de Uceda, valido de Felipe III.Gaspar de Guzmán Conde duque de Olivares, valido de Felipe III y del IV.Luis de Haro, valido de Carlos II.Juan Nitard, valido de Carlos II.Fernando Valenzuela, valido de CarlosII.

Como vemos, los validos se hacían retratar exactamente igual que los reyes puesto que tenían tanto poder o más que ellos, haciendo y deshaciendo a su antojo. El de la izquierda es el Duque de Lerma y el de la derecha el Conde Duque de OLivares.

Desde 1598, año de la subida al trono de Felipe III que contaba 20 años, gobernó como valido el duque de Lerma, amigo personal del joven rey, que desde los primeros momentos recibió autorización para firmar en su nombre.De esta forma, controló todos los órganos de la administración tomando decisiones ejecutivas siempre a su favor. El reparto de gracias y mercedes permitió al de Lerma, formar una poderosa facción política, lo que molestaba lógicamente a la mayoría de la Corte.
El de Lerma, para escapar a las críticas que se lanzaban contra él, influyo en el pusilánime rey para que hiciese trasladar la corte a Valladolid, aduciendo que esta ciudad castellana tenía más historia.Pero la razón verdadera era que el Duque, había adquirido numerosos terreno en Valladolid aprovechando el asentamiento de la corte en Madrid. El inepto rey, se dejó convencer y trasladó la corte en 1601 y el Duque vio revalorizarse sus terrenos lo que le aportó enormes beneficios.
La jugada le salió muy bien y despues de cinco años, la repitió a la inversa. Madrid se había devaluado con la salida de la corte.El duque compro a bajo precio todo lo que pudo en Madrid, generalmente los solares y campos sin edificar, y como ocurriera cinco años antes, influyó en el animo del rey (cuya única ocupación eran las cacerías y rezar a los santos) y volvió la corte a Madrid el 4 de marzo de 1606.Lo que supuso una nueva dilatación de Madrid en extensión
La nobleza no perdonó al de Lerma este enriquecimiento por medios tan poco limpios. Pero él supo burlar a la justicia metiendose en el sacerdocio donde se hizo nombrar cardenal, no sin antes dejar colocado como valido a su hijo el Duque de Uceda.
En 1617 se construye la Plaza Mayor, nuevo escenario de la vida madrileña, que desplaza a la plaza de la Paja.



FELIPE IV
La época y reinado de Felipe IV ofrece un balance que no puede ser más desolador: guerras en el exterior, que no nos causan ningún beneficio; guerras en el interior, que ponen de manifiesto los débiles cimientos sobre los que estaban asentadas la monarquía, la nobleza y las instituciones.
En 1625, Felipe IV, ordena el levantamiento de una cerca o tapia, que impidiera este crecimiento gigantesco, que ya producía sobre la vida cotidiana de los madrileños toda una serie de inconvenientes y problemas.Esta cerca perseguía, no sólo cerrar, con fines fiscales y policiales, los numerosos nuevos barrios surgidos, sino sobre todo fiscalizar los impuestos e impedir que el crecimiento continuara.
Sólo dos cosas funcionaban a la perfección con Felipe IV: las cacerías reales y los corrales de comedias, que se veían atestados de gente aplaudiendo las obras de Lope y de Calderón. Las cacerías revelan el espíritu del rey y entretenían su ocio; las comedias revelan el carácter del pueblo y entretenían su hambre.En el fondo tanto el pueblo como el rey habían llegado a ese grado de saturación y embotamiento que no se sabe si se tiene ganas o náuseas. Su apetito lo mismo indicaba la saciedad como el hambre. Existían en Madrid numerosos conventos con grandes huertas, que junto a los jardines de los palacios de la nobleza, eran las únicas zonas verdes que había en el interior de la ciudad.Los conventos ocupaban un gran es­pacio, que unido al de las iglesias, hospitales, oratorios, ermitas, etc., suponía la tercera par­te de la ciudadAdemás, había una ley por la que no se per­mitía que las casas colindantes tuvieran ven­tanas que miraran a las huertas monacales, ya que rompían la clausura.Todo ello con­tribuyó a hacer más escaso el suelo existente para la construcción de viviendas.
De sobra es conocido que Madrid, durante la época de los Austrias, fue la capital europea más pobre en cuanto a monumentos y ornato público, careciendo sus edificios, en su mayor parte, de belleza e interés arquitectónico, y sus calles no ofrecían mejor aspecto.Muchas calles, «hijas de la casualidad», como dijo Fer­nández de los Ríos, eran estrechas y tor­tuosas, y no obedecían a ningún trazado ra­zonable.Surgían sin los desmontes y terra­plenes que exigían sus desniveles, y sin tener en cuenta nada, ni la perspectiva, ni el ornato público, ni la comodidad del vecindario.La mayoría carecían de empedrado, lo que pro­ducía grandes barrizales en el invierno y gran­des polvaredas en el verano, y las que lo te­nían, era de guijarros de pedernal puntiagudo, lo que suponía una incomodidad para el vian­dante.
Así se expresa Francois Bertaut en 1664 a propósito de una visita a Madrid:
«Las calles son anchas en su mayoría, pero no creo que nadie haya recogido nunca un solo car­gamento de barro de su pavimento, pues se ve tanto lodo por todas partes y es tan pú­trido debido a los excrementos que se arrojan en él que atribuyo a esta razón las muchas molestias que se toman los españoles para obtener perfumes (...) En verano este barro se seca y produce gran cantidad de polvo terrible, de modo que siempre, cualquiera que sea la estación, tiene uno la impresión de que las calles no están empedradas, aunque sí lo están.»
Sólo las calles principales tenían aceras, que consistían en una estrecha fila de losas sin labrar, colocadas y unidas de forma desi­gual. De noche, las calles se hacían práctica­mente intransitables, al carecer casi todas de alumbrado público.Sólo a largos trechos apa­recía algún farolillo encendido ante alguna imagen de virgen o santo empotrada en una hornacina en las fachadas de las casas, cos­tumbre muy extendida durante el siglo XVII.
(Hay que recordar que en este momento nace lo que será con el tiempo nuestro Teatro Lírico Nacional: La zarzuela.)
A Felipe IV no le importaba perder una guerra o un pedazo de tierra, por valioso que él fuera, mientras hubiera fiestas en el Buen Retiro o cacerías de las que disfrutar .El ejército, sin pagas, poco podía hacer en un mundo tan hostil y despreocupado. El comercio, en ruina, ni intentaba levantarse siquiera.En resumen, un reinado largo, aciago y desastroso el de Felipe IV, con pérdidas de plazas y batallas, con decadencia y ruina del comercio, las armas y, tras unos años de esplendor, las letras españolas.Felipe IV se podía vanagloriar de sus cacerías, sus amores y entretenimientos. Pero llevaba sobre sus espaldas el peso de haber roto de nuevo la unidad de la Península ibérica.



CARLOS II
En el hijo de Felipe IV, Carlos II, se dan cita todas las calamidades que paulatinamente se habían ido juntando con los dos reinados anteriores.En lo político España llega a ser una sombra de lo que hasta entonces había sido. Su influencia en las cortes extranjeras es nula y hasta se puede decir que son éstas las que influyen o determinan la marcha descendente del último de los Austrias.
A Carlos II, se le conoce como "El hechizado". Nacio y vivió débil y enfermizo, estaba poco dotado física y mentalmente. Vino al mundo con raquitismo infantil.En su abultada cabeza y en que no pudiera caminar con normalidad hasta los 10 años se demuestra.¡28 nodrizas tuvieron que amamanterle ya que su lactancia duró casi cuatro años!.¿Y de qué le habrán vestido en este retrato?
Pues a pesar de ser el heredero del trono de España, su formación y cultura fueron muy escasas.Parece ser que nadie apostaba por él. La verdad es que se le consideraba un enjendro.Llegó al trono cuando aún no había cumplido los cuatro años, por lo que, de acuerdo con el testamento de Felipe IV, su madre, Mariana de Austria, ejerció la regencia, asesorada por una Junta de Gobierno.
A pesar de su desgraciado físico y por ser el rey, se casó dos veces, pero claro, sin tener descendencia y de ahí el sobrenombre de: "el hechizado" que le otorgó el pueblo. Pero este supuesto "hechizamiento" tenía una causa.La causa de la esterilidad radicaba en un hipogenitalismo, ya que el rey tenía un solo testículo y además, atrofiado. La primera de sus esposas María Luisa de Orleans, seguía siendo virgen al año de matrimonio. En cierta ocasión, la reina confesó a su camarera que el rey padecía de "eyaculación precoz" lo que le impedía consumar el matrimonioLa segunda esposa, Mariana de Neoburgo gozaba de las mismas prestaciones sexuales del rey.La verdad es que la pobre Mariana, tendría que tener un buen estómago para acostarse con él. Y así pasó lo que pasó, que no tuvo descendencia. Lo que no sabemos, es si andaría por el Alcazar algún que otro Beltran de la Cueva.
En lo militar ¿qué podía contar ya la nación que iba perdiendo sus vastas posesiones europeas? Luis XIV, con la diplomacia que le era proverbial saltaría de uno a otro de los platillos de la balanza, para apoyar o no, el interés español según las pesas de su propia conveniencia.
Hemos visto que a Felipe III, lo único que le importaba eran las fiestas y la caza. A su hijo Felipe IV, lo que le apasionaba era la caza y las fiestas. Y a éste, ¿que le gustaba?... Ni servía para las fiestas ni para la caza, pero le producía una excitación increíble presidir en la Plaza Mayor las ejecuciones sentenciadas por el Santo Oficio.

En fin, que con estos tres últimos Austrias se produce la desintegración de la mayoría del imperio español creado desde los Reyes Católicos hasta Felipe II, como por ejemplo:
1640 Separación de Portugal.1648 Por el tratado de Westfalia, España reconoce la independencia de Holanda.1659 Pérdida del Rosellón, Cerdaña, Luxemburgo, Artois y varias plazas de Flandes.1668 Pérdida de las plazas flamencas de Lille, Douai, Ath, Tournay, Courtrai, Audenarle, Charleroi, Furnes, Armentieres y Bergues Saint-Winoc.1678 Pérdida del FrancoCondado y las plazas flamencas de Bouchain, Condé, Valenciennes, Aire, Ipres, San Omer, Cassel y Warwick.1689 Pérdida de Larache.
En lo referente a Madrid afortunadamente en esta época, de los Austrias, se vive un gran momento histórico para nuestra Villa y Corte. La cultura invade sus calles: arquitectos, artistas y escritores deciden alojarse en la Corte.Y afortunadamente se desarrolla la etapa conocida como El Siglo de Oro en el que brillan talentos irrepetibles en literatura, pintura, arquitectura etc.Pero también por este motivo, el crecimiento de Madrid se hace imparable. Ya llegaban las construcciones hasta el Prado de San Gerónimo.
Pero lo que más llamaba la atención de los viajeros que llegaban a la Corte, sobre todo de los extranjeros, era la suciedad de la ciu­dad. Un Madrid que carecía de alcantarillado (también es verdad, que como casi todas las ciudades europeas de la época).Existían algunos pozos negros, pero eran muy escasos, limitados a algunos palacios y con­ventos. El resto de la población arrojaba las aguas residuales por la ventana, después de anochecido y al grito de «¡agua va!», tras el cual debía quedar un espacio de tiempo sufi­ciente para que quien pasara por la calle pu­diera retirarse a tiempo. Y el que no se retiraba a tiempo, pues eso...
Así la calle era el lugar a donde venían a parar todas las aguas residuales y todo tipo de basuras que se arro­jaban a la vía pública. Como los servicios de limpieza municipales eran bastante deficientes, las calles se convertían en depósitos de basura que producían malos olores en toda la ciudad.Hay numerosos testimonios de viajeros sobre la escasa salubridad de Madrid, la mala higiene de sus habitantes, la suciedad y el mal olor de sus calles. García Mercadal recoge la siguiente impresión de Lambert Wyts:
«Tengo esta villa de Madrid por la más sucia y puerca de todas las de España, visto que no se ven por las calles otros que grandes servidores (como ellos lo llaman), que son grandes orinales de mierda, vaciados por las calles, lo cual engendra una fetidez inestimable y villana (...) pues si se os ocurre andar por el fango, que sin eso no podéis ir a pie, vuestros zapatos se ponen negros, rojos y quemados. No lo digo por haberlo oído decir, sino por haberlo experimentado varias veces. Después de las diez no es divertido pasearse por la ciudad, tanto, que después de la hora oís volar orinales y vaciar porquerías por todas partes.»...«Mostré deseos de saber por qué so­portan una costumbre tan horrible; dicen que lo prescriben sus doctores, pues mantienen que el aire es tan penetrante y sutil que esa manera de corromperlo con vapores perni­ciosos lo mantienen en su composición debi­da. No obstante esos desagradables olores, jamás ha habido una plaga en la ciudad».
En 1625, Felipe IV, ordena el levantamiento de una cerca para impedir este crecimiento gigantesco que ya ocasionaba graves problemas e inconvenientes a los madrileños.La cerca, no es una muralla propiamente dicha ya que no tenía fines defensivos sino que es una tapia de ladrillo y manpostería para regular los impuestos y frenar el crecimiento exagerado de Madrid y este encorsetamiento de Madrid se prolongó por más de doscientos años.Un fragmento de esta cerca podemos hoy contemplar en la Ronda de Segovia en su encuentro con la puerta de Toledo.
Sólo ciento treinta y nueve años median entre la institución por Felipe II de Madrid como capital de España y la extinción de su dinastía. Siglo y medio en el que la villa se con­vierte en la capital del orbe, y de ser un poblacho que, según Fernando de Oviedo, tenía en 1513 tres mil habitantes, pasa a ser una ciudad tumultuosa con más de cuarenta mil personas y hay quienes aseguran que hasta cien mil, a comienzos del siglo XVII.
Este Madrid, lo vamos a recorrer con la ayuda de Pedro Texeira. Pero ante, veamos una Galería de fotos de los principales munumentos de la época de los Austrias.



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Puente de Segovia: Fue construido en 1582 ó 1584 por Juan de Herrera, el arquitecto del monasterio de El Escorial. Costó, según documentos de la época, más de 200.000 ducados, y tiene nueve arcos de medio punto desiguales que, desde el alto y espacioso del centro, decrecen simétricamente hacia la derecha y la izquierda.Es de sillares de granito que se prolongan formando aletas almohadilladas a uno y otro lado, y está coronado sobre el antepecho con grandes bolas de la misma piedra, muy características del severo gusto herreriano.



Convento de San Plácido: En la Calle del Pez, esquina a San Roque, se encuentra el convento de San Plácido. Fundado en 1623 por Doña Teresa Valle de la Cerda y don Jerónimo de Villanueva. Su arquitecto fue Fray Lorenzo de San Nicolás, pero del conjunto sólo se conserva la iglesia, ya que el convento fue derribado en el pasado siglo, aun cuando después ha sido restaurado y si­gue siendo regentado por monjes benedicti­nos. Según la leyenda popular, Felipe IV regaló al convento el Cristo pintado por Velázquez, como desagravio de una de sus aventuras ga­lantes.



El Palacio del Buen Retiro: En tiempos de Felipe II ya existía el monasterio de San Jerónimo que había sido fundado por Enrique IV de Trastámara en las afueras de Madrid, en la carretera de El Pardo.
Posteriormente, los Reyes Católicos trasladaron el monasterio a su emplazamiento actual, para que les pillara más cerca. En el mismo monasterio había un edificio llamado el Cuarto Real, por servir de alojamiento a los monarcas para su retiro en épocas de lutos o retiros espirituales.
El Conde-Duque de Olivares, intentando agradar a su soberano, impulso la creación de un gran complejo palaciego a partir del Cuarto Real. La finca era de su propiedad, como casi todo Madrid, y lo que no era de él, lo expropió. Se inicio la construcción del palacio en 1629. El conjunto se componía de más de 20 edificios, con jardines, estanques y fuentes que le dotaban de una enorme suntuosidad.
Pero su arquitecto Alonso Carbonell, para ahorrarse algunos doblones y por la premura de tiempo, utilizó en su construcción materiales baratos: ladrillo para los muros, madera para los forjados y pizarra en los chapiteles que remataban las torres. En el patio principal, Mariana de Austria viuda ya de Felipe IV, ordenó la colocación de la estatua ecuestre de su esposo. Esta estatuas es la que actualmente podemos ver en la plaza de Oriente.
En 1808 las tropas francesas utilizaron el palacio como cuartel, lo que ocasiono su rápido deterioro, dada la escasa calidad de los materiales de construcción. Isabel II intentó rehabilitarlo, pero el mal estado del mismo le obligó a la destrucción de gran parte del mismo no sin antes vender todos los terrenos que ocupaba el palacio para su propio beneficio, lo que motivó la tristemente célebre Noche de San Daniel.
Hoy en día solo conservamos dos pabellones: el Salón de Reinos, actual Museo del Ejército y el salón de baile hoy Casón del Buen Retiro, cuya bóveda se halla decorada con pinturas de Lucas Jordán. La fachada actual, de corte clásico y fechada a principios del siglo XIX es obra de Ricardo Velázquez Bosco.



Capilla de San Isidro: Está situada en la plaza de los Carrros. Anexio­nada a la Iglesia de San Andrés, formando ambos edificios un conjunto monumental. La iglesia de San Andrés, una de las más antguas de Madrid, pasó a segundo término al construirse la capilla para albergar el cuerpo de San Isidro. Su construcción data de 1643, sobre planos de Pedro de la Torre, pe­ro poco después se paraliza la obra, y en 1657 se comienza otra vez participando los arquitectos José Villarreal, Juan de Lobera y Sebastián Herrera Barnuevo.La capilla de San Isidro, es del más puro estilo barroco.



El Colegio Imperial y la Colegiata de San IsidroEL COLEGIO IMPERIAL: En la calle de los Estudios y dándole su nombre, se encontraba en la segunda mitad del siglo xvi «El Estudio de la Villa», en el que estudió Cervantes y que pertenecía al Concejo. En 1572, al lado de éste, los jesui­tas fundaron un Colegio, en principio mo­desto, pero que iría ampliándose con el tiem­po.En 1592 se iniciaron las obras, parece ser que con proyectos de Francisco de Mora, y se terminaron en 1601. Pero será en 1603 cuando comenzará su auge, debido al legado que dejó al Colegio Doña María de Austria, hermana de Felipe II, al morir. Entre otras cláusulas del testamento, una era la de que a partir de entonces se llamaría «Colegio Im­perial», y la otra, la edificación de una gran iglesia cuyas obras dieron comienzo en 1622. Este colegio alcanzó gran fama y llegó a con­tar con alumnos destacados, como Lope de Vega, Géngora y Quevedo.
LA COLEGIATA: Situada en la calle de Toledo. Se inician las obras en 1622, sobre trazas de Pedro Sán­chez. En 1633 continúa la obra el Hermano Bautista, y en la fachada parece que participé también Pedro de la Torre. Construida por expreso deseo de María de Austria, para lo cual a su muerte dejó un cuantioso legado a los jesuitas, la iglesia está concebida en estilo barroco, según la traza monumentalista del Hermano Bautista; la planta, de una sola na­ve con crucero y capillas laterales, algunas de las cuales se comunican entre sí, característica que es singular en Madrid. Su cúpula fue la primera en construirse, de acuerdo con las trazas de Fray Lorenzo de San Nicolás.En 1768 fue reformada por Ventura Rodríguez. En febrero de 1769 se trasladó allí el cuer­po de San Isidro Labrador, así como el de su esposa, Santa María de la Cabeza. Por una dispo­sición de Carlos II, se separa la antigua igle­sia del Colegio Imperial, de la institución do­cente.



Convento de La Encarnación: Está situado en la plaza de la Encarnación. Fue fundación de Doña Margarita de Austria, esposa de Felipe III, para la orden reli­giosa de Agustinas Recoletas. Su arquitecto fue Juan Gómez de Mora, quien lo edificó en 1611, en estilo post-herreniano madrileño.Este arquitecto creará un tipo de fachada en este convento, tomando como modelo la iglesia de San José de Avila, obra de su tío, Francisco de Mora, la cual servirá igual­mente de modelo para numerosos templos madrileños posteriores y formará escuela en las iglesias Carmelitas.En 1767 fue restaura­do por Ventura Rodríguez, tras las conse­cuencias de un incendio. Su interior es de gran riqueza, con pinturas, imágenes y obje­tos de notable valor. Otro elemento de interés será la Lonja, que a partir de entonces se va a convertir en una característica de las iglesias madrileñas.



Plaza de La Villa: Esta plaza tiene en Madrid una gran sole­ra. Desde ella se gobernó la Villa desde tiem­po inmemorial. La Iglesia de San Salvador, situada en la esquina de la calle Mayor con la de Señores de Luzón, tenía un gran atrio donde acudían a reunirse los vecinos para discutir lo relativo a la vida comunal.En 1346, Alfonso XI nombró un «regimiento» formado por 12 regidores que representaban a los vecinos. Nace así el Ayuntamiento de Madrid, del que hay noticias escritas desde 1464.Estos regidores se reunían también en el atrio de la Iglesia de San Salvador, y al derribarse ésta en 1599, con motivo del en­sanche de la calle Mayor, decidieron cons­truir ya un edificio para sus reuniones.En la actualidad, la plaza es irregular y tie­ne a cada uno de los lados la llamada Casa de la Villa, la Casa de Cisneros, y la Casa de los Lujanes, en tanto que el cuarto lado es el que da a la calle Mayor.Es uno de los rincones más be­llos y mejor conservados de la geografía ma­drileña.Sobre un solar propiedad del Municipio, se comienza la Casa de la Villa, en 1621, con proyectos de Gómez de Mora. Fallecido éste, se hace cargo de la obra José Villarreal, y más tarde Teodoro de Ardemáns, pero siempre respetando los proyectos de aquél.En 1789, Juan de Villanueva realiza una serie de renovaciones, como es el gran balcón que da a la calle Mayor. La doble función de Casa Consistorial y Cárcel de Villa, hará que el edificio tenga dos puertas a la calle, característica curiosa para una construcción de este tipo.



Cárcel de la Corte: Está situada en la Plaza de la Provincia. Fue cons­truida en 1629, posiblemente por Gómez de Mora, en los terrenos de la llamada cárcel vieja, que ya resultaba insuficiente para tanto malhechor como pululaban por Madrid. En esto no ha cambiado mucho nuestra Villa y Corte. Estaba distribuida en torno a dos grándes patios, y tennía en las galerías altas, a la iz­quierda, la «sala de audiencia», a la derecha la «sala de los alcaldes». Abajo, en la zona de la izquierda, la «galería de los presos», el llama­do «patio de los calabozos», y en la zona de­recha el «patio de los escribanos». El edificio ha pasado por diferentes perío­dos en cuanto a su función:
De 1643-1786: Cárcel de Corte. De 1786-1876: Ministerio de Justicia. De 1834-1877: Palacio de Audiencia. De 1877-1899: Ministerio de Ultramar. Desde 1910: Ministerio de Asuntos Exterio­res (función que desempeña en la actualidad).






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EL PLANO DE TEXEIRA
Pedro Texeira, hoy un gran olvidado, era portugués pero vivió gran parte de su vida en España y realizó por encargo de Felipe IV, los mapas de Cataluña, Aragón, Valencia, Castilla, y Portugal. Pero sin duda, el que mayor fama le dió es el plano de Madrid.Había ya uno anterior, también muy detallado, el de WITT de 1635. Pero Felipe IV mandó hacer este nuevo plano, porque ya en él, figura su gran posesión de "El Buen Retiro", para demostrar al mundo entero que sus posesiones en Madrid, entre el Alcazar y eeste palacio del Buen Retiro, eran la tercera parte de su superficie.Otra tercera parte de la superficie, era de la Iglesia y en lo que quedaba, se hacinaba el todo Madrid ciudadano.
Este plano, el de Texeira, fue realizado en 1656 y en él se puede contemplar ese Madrid encorsetado por la Cerca que había mandado construir Felipe IV y que impidió el crecimiento de Madrid como ciudad hasta la mitad del siglo XIX.Mientras, Londres o París se desarrollaban y se convertían en las grandes ciudades europeas a Madrid se la conocía como "La pocilga de Europa"
Volviendo al plano, a lo largo de la historia y desde su publicación, son innumerables los estudiosos que se han ocupado de él, con mejor o peor fortuna. Por supuesto uno de los más notables es D. Ramón de Mesonero Romanos.También hay una página en Internet patrocinada por CajaMadrid, en el que se detalla el plano de Texeira, calle por calle, monumento por monumento e incluso vecino por vecino con su vivienda correspondiente. Es muy interesante. Luego os daré la dirección. Ahora vamos a lo nuestro.
La escala del plano, según Mesonero, es de 1: 1.840. Está grabado en 20 planchas distintas. En total mide aproximadamente 2,850 por 1,800 metros. Está realizado en perspectiva caballera situando al observador en el sur de Madrid mirando hacia el norte.
El plano completo en esta pagina en la que estás, tendría en total una resolución de 6520 x 4120 pixels o lo que es igual: 230 x 145 centimetros y no hay pantalla de ordenador en la que se pueda ver completo, por lo que para su estudio o curiosidad lo he cuadriculado para que coincida con las hojas originales. Que recordemos, se compone de 20 planchas u hojas y que son las que nosotros vamos a recorrer.
La cuadricula esta numerada de izquierda aderecha y de arriba a abajo como: A1, A2, A3... D5. Esta denominacion de cada hoja, que no tiene ninguna importancia, es simplemente por si quereis imprimirlo y después montarlo como un puzzle y sería así:

Nosotros lo vamos a hacer más facil, ya que pinchando en cualquier órden, en cada una de las hojas de la composición que tenemos un poco más abajo, nos aparecerá la hoja del Texeira junto a la zona correspondiente del Madrid actual para poder comparar ambas zonas, pudiendose ampliar cada una de ellas para su mejor estudio.
Si estais interesados por adquirir el plano, que es muy facil en cualquier buena librería, os oconsejo que compreis una edición antigua (de los años 70, que es la que vamos a utilizar para nuestro recorrido) ya que la más actual está muy manipulada, retocada, excesivamente coloreada y pierde bastante de su autenticidad.Además, en las versiones más antiguas podemos apreciar que algunas de las planchas u hojas no coinciden, por haber sido originalmente encargadas a distintos talleres. Esto, le da mayor autenticidad que la versión más moderna. Esta falta de coincidencia, aunque es mínima, se ve claramente en la zona de la Casa de Campo.
Mesonero Romanos,(1803-1882) el gran cronista de Madrid, en su libro "El Antiguo Madrid" nos describe minuciosamente el plano de Texeira y en la pg. XXXVII, dice de él:
"la minuciosi­dad y exactitud del dibujo son tales que dejan poco que desear, no solo en cuanto á la demostracion del giro y disposicion de las calles, sino en el alzado de las facha­das y topografía interior de los edificios, pudiendo juzgar de la conciencia con que fue hecho aquel precioso traba­jo por los varios públicos y particulares que aun se con­servan en el mismo estado en que los representa el plano, con la misma repartición de su planta, con el propio número de pisos, puertas y ventanas, y la misma forma general de su ornato arquitectónico".
Recordar también que este plano de Pedro Texeira, sirvió de modelo para otros pos­teriores de menor entidad. Y por la exactitud y precisión del plano, sirvió para realizar en 1830, la explendida maqueta que se debe a León Gil de Palacios y que se conserva en el Museo Municipal de Madrid.


EL MADRID DE LOS BORBONES

FELIPE V

Con Felipe V, entra en España la dinastía de los Borbones.El 18 de febrero de 1701 llegó a Madrid el nuevo rey, quien se detuvo en el palacio del Buen Retiro, esperando su entrada pública en la corte para ocupar el viejo al­cázar madrileño.Más tarde, el 14 de abril, fue la entrada del monarca. Gran cortejo de Consejos y Ayuntamiento. Acompaña­miento de la corte y las gentes por el solemne recorrido, en la toma de posesión pública de la villa.
Pero Madrid, en 1701, tenía la misma superficie urbana que cuando, en 1625, Felipe IV había ordenado la erección de la cerca que rodeaba la ciudad, cortando el vertiginoso crecimiento de la Corte.Una vez alcanzadas las altas cotas de población de principio del XVII, ésta se había mantenido estable, con las normales variaciones de un momento a otro, pero siempre dentro de los limites marcados por la cerca.
Por tal motivo, Madrid seguía siendo una ciudad sucia, desorganizada, polvorienta, con edificios muy humildes, que carecía de servicios urbanos, como el empedrado o el alcantarillado, y que tampoco ofrecía al visitante, salvo muy pocas excepciones, grandes edificios ni avenidas anchas y rectilíneas, como las grandes arterias barrocas de otras ciudades europeas.
Enseguida, el primer Borbón, pensó en lo inapropiado de Madrid como capital de la dinastía borbónica, que era la hegemónica en el continente, y la carencia para ofrecer una suntuosidad acorde con el "grandeur" de los Borbones.
El 25 de agosto de 1707 dio a luz la reina María Luisa Gabriela, un niño de nombre de Luis. La villa presenció un bautizo deslum­brante. Era el príncipe de Asturias.Poco después llegaron los nacimientos de otros infantes: don Felipe Pedro Gabriel -muerto de niño- y don Fernando, que alcanzaría a subir al trono como Fernando VI.
Sabido es que Felipe V, detestaba el Alcázar Real, en el que pasaba el tiempo imprescindible que le marcaba el protocolo y el calendario cortesano y... ¡que casualidad! , que en este reinado fue destruido por un incendio.
El Alcazar de Madrid, que estaba en pie desde el siglo IX, que había vivido la época medieval, lo habían habitado y engrandecido toda la dinastía de los Austrias. Ese Alcazar, ardió como una tea.En tres días que duró en incendio, se convirtió en humo la historia de casi nueve siglos y una gran cantidad de obras de arte, entre las que se encontraban muchas de Velazquez.Uno se puede imaginar a Felipe V viendo arder el Alcazar, como un nuevo Nerón tocando la lira mientras contemplaba el incendio de Roma para construir su "Domus Aurea". Pero había que echar la culpa a alguien y las culpas se las llevó un pintor de la corte, Jean Jules Rac, pintor de la Corte.
Y aprovechando el "casual" incendio del Alcazar, decidió hacerse un palacio nuevo de acuerdo con sus gustos y sobre todo, de los de su esposa María Luisa Gabriela de Savoya, para la que ya se estaba construyendo el palacio de La Granja
Tampoco tenía Felipe V afecto por Madrid como ciudad, que a él, nacido en Versalles, le parecía oriental, intrincada, sucia y maloliente.Ni que decir tiene que el palacio del Buen Retiro le parecía mediocre, destartalado, aburrido y medieval, porque le comparaba con su Versalles, con las Tullerías y el Louvre.El proyecto del nuevo palacio se encomendó al arquitecto Robert de Cotte, que elaboró un diseño de palacio faraónico con varios cuerpos y alas, de planta compleja, en un esquema típico del Barroco avanzado de principio del XVIII, que de haberse llevado a cabo, hubiese cubierto una extension que abarcaría todo el terreno del palacio actual más toda la plaza de España.
En 1714 mu­rió la reina de tuberculosis, pero pronto se consoló el viudo Fe­lipe, que seis meses después anunciaría su casamiento con Isabel de Farnesio, formando una gran familia, que pintó Van Loo.
Los conflictos entre Habsburgos y Borbones, y la alineación de los antiguos reinos de la Corona de Aragón en favor de los Austrias, desencadenaron la Guerra de Sucesión española.Acabada ésta, por los tratados de Utrecht y Rastadt la monarquía española perdió los territorios europeos en Italia y en los Países Bajos.
En enero de 1724 abdicó de forma inesperada en su hijo Luis, primogénito de su primer matrimonio, pero tras la temprana muerte de Luis I, a los 16 años de edad, en agosto del mismo año, volvió a reinar en España FelipeV.
El entonces corregidor de Madrid, Marqués de Vadillo, dispuso una reforma y mejorada la margen izquierda del río Manzanares, colindante con los jardines del Alcázar, lo que actualmente es el Paseo de la Virgen del Puerto mandando construir una ermita a esta virgen que era la patrona de Plasencia, su villa natal.
Vadillo, comenzó un plan de mejoras y embellecimientos de la Corte, persiguiendo que la villa cobrase algo de esa pretendida representatividad de la Corte borbónica. Tuvo la suerte de contar con un arquitecto, joven y que empezaba llamado Pedro de Ribera, que supo entender y llevar a la práctica las ideas de embellecimiento barroco de Madrid.
El maestro mayor de la villa era Teodoro Ardemans, que achacoso, y absorbido por el palacio de La Granja, apenas podía ocuparse de las necesidades arquitectónicas de Madrid. Vadillo eligió por su cuenta a Ribera, sin contar con el Concejo, lo que no aceptaron algunos regidores rebeldes, espoleados por Ardemans, que no veía con simpatía la aparición del joven rival Ribera..
A pesar de estas dificultades, en poco más de una década, el tándem Vadillo-Ribera constituyó un capítulo brillante en la historia urbana y arquitectónica de Madrid, pues a su colaboración se debieron algunos de los más hermosos y característicos monumentos de la capital.

Cuartel de Guardias de Corps, despues cuartel del Conde Duque. y hoy Centro Cultural
El teatro de los Caños del Peral, en el lugar en el que hoy se levanta el Teatro Real
El Teatro del Príncipe, hoy Teatro Español, construido sobre el antiguo Corral de la Pacheca
La Real Fabrica de Tapices
El edificio del Monte de Piedad del que hoy se conserva solamente su portada
El Puente de Toledo.
La iglesia de San Cayetano
El Hospicio, hoy Museo Municipal



FERNANDO VI

Nació el 23 de septiembre de 1713 en Madrid, era el tercer hijo de Felipe V y de María Luisa Gabriela de Saboya y heredó el trono español a la muerte de su padre.
Este soberano, gran coleccionador de relojes, al que un historiador extranjero le llama el Discreto, fue buen rey, porque, aunque sus detractores dicen que era de inteli­gencia mediocre, él supo escoger ministros laboriosos y de entendimiento y dejó gober­nar a los mejores.
El reinado de Fernando VI, aparte de los defectos, tiene cierta grandeza, atractivo y simpatía. España se sacudió la esclavitud de Francia y dejamos de ser temidos en Europa como en la época de los Austrias.Por el contrario, fuimos admirados, pues nuestra amis­tad era preciosa para las grandes potencias e inclinábamos la balanza, que con cantos de sirena querían sacar a España de la provechosa neutralidad.Esta neutralidad es uno de los logros más positivos de Fernando VI, aunque su reinado no brille con el esplendor de la victoria ni el estruendo de los capitanes en el campo de batalla.
En 1729 se casó con Bárbara de Braganza, hija de Juan IV de Portugal y Mariana de Austria . Este enlace, entra dentro de lo que era frecuente entre los miembros de las coronas hispánica y portuguesa.Barbara, será la elegida para contraer matrimonio con el aún príncipe de Asturias, Fernando, al facilitar el enlace de la infanta Maria Ana Victoria con el heredero del trono portugués.Los esponsales se celebran en 1728, intercambiándose las princesas en la frontera entre ambas naciones al año siguiente. La joven Bárbara era una mujer culta, dominadora de seis idiomas, amante de la música y de agradable carácter.Fernando y Bárbara vivieron aislados durante el reinado de Felipe V, por voluntad de Isabel de Farnersio, madrastra de Fernando, que maquinaba lo que podía porque quería ver en el trono de España a sus hijos y no a su hijastro.Pero en 1746 Fernando, sube al trono y, al igual que su padre, estuvo dominado por su esposa. Doña Bárbara ya como reina, ocupó un importante papel en la corte, especialmente como mediadora entre su esposo y su padre, el rey de Portugal.
Las Salesas Reales fue una fundación de los reyes, le­vantada por deseo de la reina. Bárbara, temía la muerte de su marido y pensaba que entonces, sin haber tenido descendencia, habría de quedar bajo el poder de su suegra, Isabel de Farnesio, que era de armas tomar...
Quiso en tales condiciones tener un lugar en el que residir, fuera de toda influencia de ella, y proyectó una fun­dación, mezcla de convento y colegio, donde encon­trasen educación las doncellas nobles. Por eso pensó en entregarla a las monjas Salesas.
El convento desapareció en un incendio y sobre su solar se construyó el actual palacio de Justicia, pare­daño al templo, que es el único resto subsistente de la fundación real, conocido hoy como la Iglesia de Las Salesas . inaugurada en 1757
Pero la fundación religiosa no cum­plió el fin a la que, la destinó el pensamiento de su fundado­ra, ya que ésta murió antes que el rey tras una larga agonía el 27 de agosto de 1758, y no llegaron por tanto las difíciles situaciones que ella pensara.
Lo que sí llegó fue la crítica del pueblo, que no gustó de la obra, induda­blemente muy tocada del gusto francés, que suponía un duro choque con la estética barroca que se desarrollaba en Madrid, por lo que enseguida se hicieron populares estos versos.
"Bárbara Reina,bárbaro gustobárbara obrabárbaro gasto"
Y se dijo más de la soberana, porque muerta el 27 de agosto de 1758, en la apertura del testamento se descu­brió que había acumulado grandes riquezas: siete millo­nes de reales que dejaba a su hermano don Pedro de Por­tugal, instituido por ella heredero universal.El pueblo sospechó que hubiera reunido esta suma con manejos poco delicados y reaccionó al ver cómo le arranca­ban al melancólico Fernando VI una herencia que lógi­camente le pertenecía. Por eso corrió por Madrid, esta décima:
"La estéril reina murió,sólo preciosa en metales;España engendró caudales para la que no engendró.Bárbara desheredóa quien la herencia le ha dado y si la Parca no ha entrado, a suspenderle la uña, todo lo que el rey acuña, se trasladará al cuñado"


En 1752 Fernando VI, funda la Academia de San Fernando de Bellas Artes. El último año de su vida, y a consecuencia de la muerte de su esposa en 1758, Fernando estuvo encerrado en el castillo de Villaviciosa de Odón sumido en la locura, que había heredado de su padre Felipe V y se había acrecentado con la muerte de su esposa.Allí permanecio dando gritos llamando a su fallecida Bárbara, hasta que llegó de Nápoles su hermanastro Carlos, el futuro Carlos III.
Fernando VI, falleció el 10 de agosto de 1759 sin descendientes. Está enterrado en el crucero de la iglesia fundada por Barbara de Braganza.
Descansa en la paz que no consiguió en vida, en un sepulcro realizado por Sabatini, con esculturas de Francisco Gutiérrez. Detrás de él, con entrada por la sacristía, está el de la reina Bárbara de Braganza.


CARLOS III

El 11 de septiembre de 1759 se verificó la proclama­ción de uno de los reyes que más había de hacer por Ma­drid. Muchos azares habían tenido que entrar en juego para que Carlos llegara a ceñir la corona de España. Había nacido en Madrid, el 20 de enero de 1716, fruto del segundo matrimonio de Felipe V con Isabel de Far­nesio.La Farnesio no creyó que su hijo pudiera suceder nunca al padre ya que existían otros infantes mayores, hijos del pri­mer matrimonio del rey, y enzarzó a España en dificultades y pendencias para pro­curarle el reino de Nápoles, a su hijo Carlos, al que finalmente accedió.
Ya rey de Ná­poles era cuando, muerto sin sucesión su hermano ( Fernando VI) se vio a las puertas de un trono que tan lejano había estado para él.
Había llegado a España acompañado de su esposa, María Amalia de Sajonia y sus hijos, nacidos en Italia.La reina moriría un año más tarde.Para Carlos III fue una pérdida profundísima, demos­trada en el hecho de que le sobrevivió veintio­cho años y no volvió a casarse.
Maria Amalia, había hecho posible la factoría de porcelana de Capodimonte, con la ayuda téc­nica de su padre el duque de Sajonia. Esas factorías con moldes y obreros y hasta con pasta de fabricación, trajo Carlos a España, formando parte de su equipaje, dando lugar a una industria floreciente y productora de obras bellísimas que hoy son piezas de museo y que instaló en el Retiro.
Pero ésto también fue el principio del descontento de los madrileños, porque también se trajo de Nápoles, politicos, artistas, arquitectos y costumbres que estaban muy lejos de las del Madrid de entonces .
Su gobierno realizó reformas que provocaron un amplio descontento social, a pesar de que todas estas reformas, eran para mejorar la calidad de vida de los madrileños. Pero al madrileño del siglo XVIII, sobre todo a los pícaros y amigos de lo ajeno que hacían sus fechorías nocturnas al amparo de la falta de iluminación de la Ciudad estaban acostumbrados a esta forma de vida.
Comenzaron las reformas por el empedrado y limpie­za de las vías públicas, para lo que el arquitecto Sabatini presentó un proyecto en 1761.Cada semana los alguaci­les entraban en las casas y examinaban su estado, imponiendo multas a los dueños desaseados.Hizo que las ba­suras no se arrojaran a la calle, como se venía haciendo, sino que se guardasen en cubos dentro de los patios o ca­ballerizas hasta que las retiraban los carros basureros.Sabatini hizo colocar faroles en las calles.Obligó a los propietarios de casas a poner canalones a lo largo de toda su fachada para recoger las aguas de los te­jados, evitando así que volcasen directamente a las calles, y bajadas que las llevasen hasta el suelo.Hizo construir pozos para las aguas fecales, y sumideros para las aguas de cocina y aseo.
El 23 de mayo de 1766 estalló en Madrid lo que se conoce como el motín de Esquilache en el que se proferían vivas al rey y pedían la destitución del ministro italiano.Teóricamente, el determinante fue el bando publicado el 10 de marzo de 1766, firmado por Esquilache, prohibiendo a los españoles el uso de la capa larga y del sombrero de alas amplias que encubría tantos delitos callejeros amparados por la oscuridad de la noche.
Otros historiadores apuntan otras razones. Sea como fuere, en la tarde del domingo 28 de marzo, a las diecisiete horas, ante la puerta del cuartel de Inválidos, que estaba situado en la plaza de Antón Martín, dio comienzo el levantamiento.El barullo callejero se prolongó durante varios días.Parece que el motín asustó al rey y que aun se llegó a pensar en cambiar la capitalidad. Todo acabó con la expulsión del ministro Esquila­che. Este era muy mal visto por los españoles en general y los madrileños en particular.Y así lo demostraban los pasqui­nes que circulaban por Madrid y que decían:
"Yo, el gran Leopoldo Primeromarqués de Esquilache augusto,rijo a la España a mi gusto,nada consulto, ni informo,a los pueblos aniquilo,y el buen Carlos, mi pupilo,dice a todo: !Me conformo!"
Pero es indudable que el motín, tan cla­morosamente estallado, venía incubándose desde tiempo atrás y es preciso que tuviera una organización y un mo­tor.
Ya desde los mismos sucesos se pensó en ello y los círculos cercanos al rey pusieron su mirada en los jesui­tas no se sabe con cuánta razón. Pero a raiz de este suceso, el uno de abril de 1767 salieron de Madrid expulsa­dos los jesuitas.La orden de expulsión se llevó con el mayor secreto y fue una sorpresa general, tanto para los expulsados como para los madrileños, cuando dicho día, a primeras horas de la mañana, las tropas entraban en los seis conventos de la orden en esta villa, sacando de ellos a los religiosos sin otro equipaje que lo puesto y llevándo­les en grandes carromatos camino de Cartagena, donde fueron embarcados para Italia.Medida que, por otra parte, ya habían tomado otros estados europeos.
De cualquier forma, Madrid tuvo la suerte de que este rey, tan interesado en sus reformas, sugiera en un tiempo en el que prolifera­ban los buenos arquitectos y artistas, que pudieron cumplir sus mandatos con belleza y arte, lo que vino a aumentar el esplendor del momento.Entre ellos se encuentran el arquitecto italiano Francisco Sabatini, el francés Jaime Marquet, los españoles Ventura Rodríguez y Juan de Villanueva quizá los dos arquitec­tos de mayor importancia y los escultores Roberto Mi­chel, Francisco Gutiérrez y Juan Pascual de Mena.
A estos arquitectos y artistas se deben los edificios y monumentos más emblemáticos
que podemos admirar hoy
y que entre los más importantes, se pueden citar: La Aduana, hoy ministerio de Hacienda, La Puerta de Alcalá, La Puerta de San Vicente, El templo de San Francisco el Grande ,El Observatorio Astronómico ,El Jardín Botánico ,La iglesia de San Justo hoy Basílica de San Miguel ,El Hospital Provincial ,La Fábrica de porcelanas ,La Real Casa de Correos ,El palacio de Liria ,La Academia de Bellas Artes de San Fernando ,La fuentes de Cibeles ,La fuentes de Apolo ,La fuentes de Neptuno ,La fuentes de Alcachofa ,Las cuatro fuen­tecillas del Prado ,El Banco Nacional de San Carlos ,El Gabinete de Historia Natural.
Carlos III, murió a los setenta y dos años el 14 de noviembre de 1788.


CARLOS IV

Bien conocidas son las curiosas características de este reinado, así como de las figuras de los reyes: Carlos IV, la reina María Luisa de Parma y Manuel de Godoy, todopoderoso fa­vorito de la real pareja, cuya influencia dura práctica­mente lo mismo que el reinado de estos reyes.
Y es curioso el paralelismo, que existe entre Felipe IV y Carlos IV. Si el primero lleva consigo la lacra de la pérdida de muchos territorios y sobre todo, por la separación de Portugal, Carlos IV arrastra consigo el desdoro de haber entregado y vendido todo el reino.
Sí aquél fue un rey inepto, dedicado a la caza y a las diversiones, éste se dedica con igual afán a los mismos pasatiempos.Si Felipe IV tiene unos validos aprovechados con miras particulares, (El Conde Duque de Olivares), Carlos IV tiene un ministro con las mismas ambiciones: Manuel Godoy y Alvarez de Faria.
Por último, si Felipe es padre de un rey enfermizo, Carlos II "el hechizado", Carlos IV lo es de Fernando VII. Sádico, incapaz y bastante peor dotado para ser rey, que el último de los Austrias.
Lo que parece increíble, es que Carlos III, que fue un buen rey, discreto, frugal, ilustado, que hizo bastantes cosas beneficiosas para su reino, como el reparto de las tierras comunales, la división de los latifundios y la colonización del campo, en particular en Sierra Morena.Que limitó los privilegios de la Mesta en beneficio de los agricultores, que favoreció la industrialización.Que creó el Banco de San Carlos, primera banca estatal.Que reformó la administración de la justicia y mediante las conocidas "ordenanzas" que promulgó, logró su proposito de convertir el ejército y la marina en verdaderas fuerzas armadas del Estado.Y, hasta la Lotería Nacional, es también otra creación de Carlos III.
Sin embargo hizo algo muy mal: ¿En que estaría pensando cuando engendró lo que a su muerte se llamó Carlos IV...?. Seguro que el alguna tontería.
Porque, Carlos IV, no tenía grandes aptitudes políticas, prefiriendo ocupar su tiempo en la caza o en la artesanía, (¿se diferencia en álgo del Felipe IV?) y deja manos libres a su valido Manuel Godoy para ocuparse de los asuntos de Estado. ¿os acordaís del Conde Duque de Olivares?. ¡Pues la historia se repite una vez más!
Y claro, Godoy, se aprovecha de ello en su beneficio, visitando asiduamente la cama de la reina. Suponiendo que haciendo de tripas corazón, por que hay que tener ganas de medrar para encamarse con esa cosa.Pero es que antes que él, pasa por la cámara real su hermano mayor Luis, y un número no precisado de oficiales y clase de tropa, amén de nobles más o menos encumbrados, a los que echa el ojo la María Luisa.Y el caso es que la María Luisa, no es un canon de belleza precisamente. Hacia 1789, el embajador ruso la describe así:
"estaba muy ajada por los partos ( diez hijos y cuatro abortos) y las enfermedades.Era de tez verdosa y casi sin dientes, que había reempla­zado por piedras preciosas que la causan innumerables molestias en las comidas, que hace en solita­rio".
En cuanto a sus preferencias íntimas, parecen inclinadas al masoquismo, por el trato que recibía de sus amantes. El embajador francés de la época, relata que Godoy la trataba:
"como ningún soldado borracho se hubiera atrevido con una mujerzuela embriagada"
Mientras que otro de sus incontables amantes, un alto fun­cionario llamado Mallo, solía propinarla sus buenos puñetazos y patadas, dejándola encerrada en cierta ocasión en su dormitorio.
Y a todo ésto, la Maria Luisa, compitiendo con María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Alvarez de Toledo, la de Duquesa de Alba en joyas, vestidos, amantes...
Por supuesto que no podía haber comparación entre una y otra.La duquesa, mediante sus espías en París, era informada de los nuevos trajes adquiridos por la reina y hacia pasear a sus doncellas con trajes idénticos a los de la Maria Luisa, por el retiro o la calle de Alcalá. La María Luisa, se comia las uñas y álgo más de rabia, intentando rivalizar con ella pero no pudo.
Bueno, si pudo. Cayetana, murió extrañamente el 23 de julio de 1802 a la edad de 29 años (envenenada por Godoy y María Luisa decían en Madrid).
Pero claro no se pudo comprovar nada. Además, la Maria Luisa se vengó y a la muerte de la Cayetana, su palacio, el de Buenavista, que hoy es la sede del Cuartel General del Ejército, con sus grandes jardines se lo regalo a Godoy.
Se lo regaló, pero sin poner ella ni un real, porque había sido Madrid el que pagara, con fondos de su Ayuntamiento, quien se le ofreció como regalo regio, para tapar las bocas que ya apuntaban en esta maniobra a la reina.

Y es curioso comprobar otra coincidencia entre los reinados de Felipe IV y este de Carlos IV.
El reinado del Felipe, estuvo cubierto por la obra pictórica de un pintor español genial: el sevillano Diego Rodriguez de Silva y Velazquez.
Y el reinado de este otro "cuarto" por la de otro pintor no menos genial como fue Francisco de Goya y Lucientes, que tampoco había nacido en Madrid y que sin embargo es uno de los grandes pintores de nuestra villa y corte.
Reyes, nobles, majas, chisperos, el pueblo bajo... Todo aquel Ma­drid desfila, ampliamente representado, por los lienzos del genial pintor nacido en Fuendetodos.Lienzos que nos ofrecen un fiel tes­timonio de sucesos, personajes, costumbres, vestidos, gestos y caras del Madrid que le tocó vivir.
Lástima que estos dos genios de la pintura universal gastaran su tiempo, su talento, sus pinceles y sus pigmentos en pintar adefesios como éstos. Claro, que los pobres pintores tenían que comer que si no...
Y ¿como era Madrid entonces?.Pues a pesar de las reformas, edificios y monumentos levantados por Carlos III, Madrid seguía siendo una ciudad muy atrasada con respecto a otras ciudades de Europa.
Don Ramón de Mesonero Romanos, puntual cronista de Madrid, nos dice cómo era en el reinado del cuarto Carlos:
"Era indecoroso y repugnante, el aspec­to que ofrecía a principios del siglo actual (se refiere al si­glo XIX, que es cuando lo escribía) y en medio de la esplendorosa Corte y Monarquía.Su aspecto general, a pesar de las considerables, aunque parciales, reformas que había reci­bido de los tres monarcas anteriores, presentaba todavía el mismo aspecto, el mismo aire villanesco, de mediados del siglo anterior. Su alumbrado, su limpieza, su salubri­dad, su policía urbana, en fin, eran poco más que insigni­ficantes.Su seguridad misma, comprometida a cada paso, hacía preciso a cada ciudadano salir de noche bien arma­do y dispuesto a sufrir un combate en cada esquina. Sus mercados, desprovistos de bastimentos y sólo abiertos en virtud de tasas y privilegios, a las clases más elevadas.Sus comunicaciones con las provincias poco menos que inac­cesibles.Sus establecimientos de instrucción y de benefi­cencia, en el estado más deplorable; sus calles y paseos, yermos y cubiertos de yerba o de suciedad por la desidia de la autoridad y el abandono de la población.Y los cadá­veres de ésta, sepultados en medio de ella, en las bóvedas o en las puertas de las iglesias, o exhumados de tiempo en tiempo en grandes mondas para ser conducidos al es­tercolero común"
Además, el ambiente internacional no era el más propicio para un reinado como el de Carlos IV dominado por la abulia y la ineptitud.La Revolución francesa había comenzado a echar abajo de su pedestal estatuas hasta entonces muy firmes y bien asentadas.Y las nuevas ideas no dejaron de tener su influen­cia en los políticos españoles.Más tarde, con el vuelo espectacular de las águilas na­poleónicas. Nuestros gobernantes se dejaron fascinar para caer irremisiblemente en sus garras.Y así nos fue en el reinado de este rey abúlico e inepto.
Pero todavía será peor en el siguiente con su hijo, al que eufemísticamente fue llamado por el pueblo de Madrid "El deseado".Entre los dos, el papá y el hijo peleándose como dos niños por la corona, se las arreglaron para que hubiera en Madrid miles de muertos aquel 2 de Mayo de 1808.Para que nos entrase un rey intruso y el propiciar que los muertos cubrieran todo el territorio español en la Guerra de la Independencia.


FERNANDO VII

¿Y que decir de Fernando VII?
Según las enciclopedias, era hijo de Carlos IV y María Luisa de Parma.Nació en El Escorial en 1784. Fue educado e influido por el canónigo Juan de Escoiquiz que ambicionaba el puesto que tenía Godoy y Fernando, fue inducido por el clérigo a intrigar contra sus padres y, sobre todo, contra el valido del rey y amante de la reina Manuel de Godoy.
La fuerte influencia del preceptor sobre el príncipe quedó un tanto mitigado tras el matrimonio de Fernando en 1802, con María Antonia de Nápoles, aunque a la muerte de ésta, cuatro años más tarde, Escoiquiz recuperó toda su influencia sobre Fernando.
Una vez que Fernando enviudó y bajo la influencia de Escoiquiz, se puso secretamente en contacto con Napoleón pidiéndole una princesa de su familia por esposa.La trama fue descubierta y dio lugar al proceso de El Escorial en octubre de 1807.El resultado:la humillación pública del príncipe, quien fue obligado a pedir perdón a sus padres en 1808. Cosa, que como buen rencoroso que era, no les perdonó jamás
Pero pocos reyes de la Historia española han provocado sentimientos tan enfrentados en la población como este rey. Su odio a Godoy le llevaría a convertirse en el líder del partido opositor al valido por lo que fue uno de los promotores del Motín de Aranjuez, sólo dos meses más tarde en marzo de 1808.El motín consiguió arrancar la abdicación de Carlos IV y el nombramiento del príncipe como monarca en medio del entusiasmo popular con el nombre de Fernando VII en un:
PRIMER PERIODO

Por esas mismas fechas, el ejército de Napoleón penetraba en España, y el rey marchó confiado al encuentro con el emperador en Bayona, acompañado de Escoiquiz, su hermano Carlos y su tío Antonio, entre otros.
Una vez allí, Napoleón obligó a Fernando a restituir la Corona a Carlos IV, quien a su vez "generosamente" la cedió a José Bonaparte, mientras Fernando y sus allegados quedaban " invitados, según ellos," en el palacio de Valençay.
Mientras tanto en Madrid, el ambiente es muy hostil hacia las fuerzas francesas que ya ocupaban buena parte de España y en una atmósfera cargada de inquietudes, llegamos al glorioso día del 2 de mayo de 1808.


Desde bien temprano se congregó la multitud ante el Palacio Real. Al subir al coche para conducirlo a Francia al infantito Francisco de Paula.
Que dicho sea de paso, varios estudiosos le han encontrado un enorme parecido con Godoy.¿Es que puede extrañarnos esto, sabiendo el contubernio y el fornicio entre la Maria Luisa y el Manolito Godoy...?Lo mismo sucedía con la infanta Isabel futura reina de Nápoles, cuya suegra se referirá a ella como:
"...pequeña bastarda epiléptica procreada por el crimen y la maldad"
El caso es que el niño iba llorando y aunque el pueblo de Madrid conocía todo el amancebamiento de los dos mencionados, el crío, no dejaba de ser oficialmente un infante de España y alguien lanzó aquel histórico grito "¡que nos lo llevan!" y al momento, hombres y mujeres, rodean las carrozas tratando de impedir el viaje.Las fuerzas del invasor disparan y la sangre de los primeros mártires de la Independencia española, abre una página gloriosa, grabada a sangre y fuego, en el libro de la historia de Madrid.Este suceso, por lo grave, doloroso y tan glorioso para el pueblo madrileño, y en el fondo, tan ajeno a quienes lo provocaron con su estupidez, conviene recordarle seriamente en palabras de un gran historiador de Madrid: Don Pedro Montoliu.
Mientras esto sucede, Napoleón convoca un simulacro de Cortes españolas en Bayona. Reunidas el 15 de junio, redactan una Constitución y proclaman Rey de España a José Bonaparte que llega a Madrid el 20 de julio. Poco después, escribe a su hermano:
"No me asusta mi posición, pero es única en la historia; no tengo aquí un solo partidario".
En efecto, el pueblo español no deja de manifestar su odio hacia el hermano de Napoleón que a su pesar, reina en España con el nombre de JOSE I , y que para nosotros, fue siempre: "El rey intruso"
Durante la guerra de la Independencia, el Consejo de Regencia, reunió Cortes en Cádiz y se declaró "único y legítimo rey de la nación española a don Fernando VII de Borbón", así como nula y sin efecto la cesión de la Corona a favor de Napoleón. El 19 de marzo de 1812 se proclamó la nueva Constitución "La Pepa" en la que habían prevalecido las ideas de oradores y políticos liberales.
Algunos de aquellos diputados han pasado a la historia por sus dotes oratorias o por su labor política: el conde Toreno, Argüelles, Muñoz Torrero.
Tal vez éste haya sido el motivo por el que tanto a la Constitución como a las Cortes se las considerara, según el momento político, como una obra nefasta o como una magní­fica renovación. Las Cortes de Cádiz rompían las más viejas instituciones españolas, los privilegios de la nobleza y acababan con la Inquisición

En 1813, Napoleón firmó la paz con Fernando VII y lo dejó en libertad. De regreso en España, con el apoyo del general Elío y un grupo de diputados absolutistas, autores del «Manifiesto de los Persas», Fernando VII derogó la Constitución, restauró el absolutismo e inició una implacable represión de los liberales. En 1814, Fernando VII regresó a España y comienza su:
SEGUNDO PERIODO
Comenzó entonces la «década ominosa», caracterizada por la sangrienta persecución de los liberales.Restableció la Inquisición, abolió las decisiones de las Cortes de Cádiz que habían proclamado la Constitución de 1812, la famosa “Pepa”. Clausuró las uni­versidades, cerró los teatros y entidades culturales y abrió una era de feroces persecuciones.
El pueblo de Madrid, que anteriormente habían gritado alborozados: "Vivan las caenas! ¡Viva el rey Ab­soluto!", que desenganchaban los ca­ballos del carruaje y ellos mismos, los madrileños, tiraban de la carroza del rey como muestra de total su­mi­sión.
Ese mismo pueblo de Madrid, que un día pro­cla­maba enarde­cido la Constitución y vitoreó hasta la exasperación a Don Ra­fael del Riego, ahora en 1824 asiste regocijado a su ejecución. Rafael del Riego, fue arrastrado por las calles de ese Madrid den­tro de un serón ti­rado por un burro, desde la Cárcel de Corte, (lo que hoy es el Ministerio de Asuntos exteriores) hasta la Plaza de la Cebada. Allí fue ahorcado ante una mu­che­dumbre que le había acompaña­do con insultos y vivas al rey absolu­to. La sentencia firmada por éste rey pedía que su cuerpo fuese descuartizado y sus restos, re­parti­dos por varias localidades de Es­paña. No se sabe si realmente fue ejecutada esta segunda parte de la sentencia.
Se ejecuta al guerrillero Juan Martín Díaz "El empecinado", que había sido anterior­mente ence­rrado en una jaula de hierro y expuesta en una plaza pública para escarnio popular. Después ahorcado Torrijos con cincuenta de sus compañeros, Mariana Pineda y una larga lista de liberales.
En enero de 1820, Riego y otros oficiales se alzaron en Cabezas de San Juan al frente de las tropas destinadas a sofocar la rebelión americana y obligaron al rey a acatar la Constitución de 1812.
El monarca pidió ayuda a la Santa Alianza y ésta envió al duque de Angulema al frente de los Cien Mil Hijos de San Luis, que penetró en España y restituyó el absolutismo en 1823.
En 1828: Muere en Burdeos Francisco de Goya. (Este, parece ser que de muerte natural)
A Fernando VII, el rey que había sido bufón de Na­po­león, que había causado tantos males a España y sobre todo a Madrid. Pues el pueblo de Madrid, no se sabe porqué, le seguia queriendo aunque le llamaban "Narizotas" y "Cara de pastel" ¿por qué sería?
El caso es que con esa cara y con ese cuerpo, se casó cuatro veces y se quedó tres veces viudo, ¿Que les haría a sus esposas?
En 1802 contrajo matrimonio con María Antonia de Nápoles, que lloró de desesperación al verle por primera vez. Su madre, describía a Fernando como "de horrible aspecto", aludiendo a su gordura (llegó a pesar más de 100 kgs.), su voz aflautada y su carácter apático.Con el tiempo María Antonia le tomó afecto, pero la princesa falleció en 1806. No tuvo descendencia
Después de esta viudez, Fernando pensó casarse con alguna sobrina de Napoleón, suceso que ya hemos recordado anteriormente y que le salió bastante mal.Cuando recobró el poder absoluto, buscó esposa en Portugal y contrajo matrimonio an Isabel de Braganza. A los dos años se quedó viudo de nuevo. No tuvo descendencia.
En 1819 se casa de nuevo con Maria Josefa Amalia de Sajonia. A los diez años se quedó viudo de nuevo en 1829. No tuvo descendencia. ¿Es que las tres eran estériles? Muy raro parece ésto.El caso es que ésto, hacía más probable la situación de que la sucesión recaería en su hermano Carlos María Isidro.
Pues después de quedarse viudo por tercera vez, (ni Barba-Azul)en 1829 se casó con su sobrina carnal María Cristina de Borbón. Ella tenía 23 años y él 45. Por fín la reina se queda embarazada (¿de él...? porque ella tenía el ojo puesto en Francisco Muñoz con el que se casó nada más morirse el Fernando)El caso es que el rey tuvo dos hijas y no se sabe que sería peor... Porque comenzaron nuevos problemas.
Bueno, estas son las cuatro "victimas" que sopartaron al "cara de pastel"

Nuevos problemas por que desde Felipe V regía la Ley Sálica, que vetaba el reino a una mujer y él había tenido dos hijas. ¿Que hacer...?
Pues al año siguiente promulgó la Pragmática Sanción que derogaba la Ley Sálica y permitía el acceso de una mujer al trono español.De este modo, su hija Isabel se convirtió en heredera de la Corona y comenzaron las conspiraciones de Carlos María Isidro y sus partidarios, apoyados por los sectores tradicionalistas y la Iglesia y que terminaron al poco tiempo, provocando las Guerras Carlistas.
Enfermo de gravedad el soberano en 1832, su esposa asumió la regencia. Fernando VII dejó al morir en 1833, una fortuna de 500 millones de reales a sus herederos. Pero también, legó al país las guerras carlistas que duraron siete años, un trono bamboleante a su hija Isabel II, y la perdida de la mayor parte de nuestras colonias de América.


ISABEL II

En virtud del testamento otorgado por Fernando VII, se hizo cargo María Cristina de la regencia y tutoría de su hija primogénita Isabel II, que contaba a la sazón tan sólo tres años de edad. María Cristina ejerció la regencia durante siete años, hasta el 12 de octubre de 1840 en que se vio obligada a renunciar a tan alta dignidad.
La sucesión del trono en la princesa Isabel provocó el estallido de la primera Guerra Carlista, conflicto en el que se dirimió la supervivencia del absolutismo (representado por el hijo de Carlos IV, el Infante Carlos María Isidro) o el triunfo de la monarquía constitucional.
Los liberales apoyaron los derechos de Isabel, ya que veían en su persona la posibilidad de una evolución constitucional de la monarquía española. La sangrienta contienda, después de más de seis años, tras el Acuerdo de Vergara, concluyó con la consolidación de Isabel II en el trono español.
Las cartas de Isabel II que se conservan en la Academia de la Historia de Madrid, dan muestra de una escasa cualidad intelectual, de su poco discernimiento y de su simpleza de espíritu. Tanto Isabel como su hermana María Fernanda recibieron una nefasta educación, en gran medida debido al descuido de su madre María Cristina.
En el año 1834, el primer año de reinado de Isabel II, con cuatro años de edad un hecho trágico conmocionó a Madrid. Los días 16, 17 y 18 de Julio, fueron trágicos para la villa de Madrid, como consecuencia de una terrible epide­mia de có­lera que asoló la capital y que se propagó especialmente entre las viviendas de menores condiciones hi­giénicas, esto es, los barrios llamados bajos.
Fue, entre estos barrios donde alguien, interesado en pescar en el río revuelto del motín, quien lanzó el rumor de que el cólera, era debido a que los frailes -considerados como partidarios del preten­diente Carlos María Isidro- ha­bían envenenado las fuentes de aguas potables de la villa con unos polvos misteriosos.
No faltó quien de buena o mala fe, interesado en excitar los ánimos, o llevado de suspicacias absurdas, aseguró que había visto a un fraile arrojar a una fuente un papelillo de polvos blancos, que eran la causa del envenenamiento.
Las masas, excitadas por el peligro y por la muerte, asaltaron los conventos de San Isidro, San Francisco el grande, La Merced, Santo Tomás y varios más. Las escenas fueron terribles. Las navajas y los trabucos no respetaron, ni siquiera a los sacerdotes que oficiaban en los altares.
Cuantos frailes se hallaron en los conventos asaltados fueron, mas que muertos, destrozados. Imágenes rosas o quema­das y otros actos van­dálicos dieron a la vez comienzo a una etapa de destrucción de nuestro rico teso­ro artístico, que tanto ha padecido con estas violencias políticas.
Isabel II fue objeto de dos atentados. El primero en 1847, en la calle Alcalá, a manos del abogado y periodista Ángel de la Riva, que fue indultado después de un oscuro proceso. El segundo, en febrero de 1852, cuando el anciano sacerdote Martín Merino atacó a Isabel II con un cuchillo, hiriéndola de levedad, de resultas de lo cual fue ejecutado mediante garrote vil.
La vida de Isabel II puede dividirse en dos períodos: el primer período hasta 1868, fecha de su derrocamiento por la Revolución de septiembre; y la segunda época en el exilio, hasta su muerte en París el 9 de abril de 1904.
Casi sesenta gobiernos se sucedieron velozmente en el poder. Pueden distinguirse distintos períodos según la tendencia política que presidiera el gobierno:
Regencias (1833 - 1843), Década Moderada (1843 - 1854), Bienio Progresista (1854 - 1856), Gobierno de la Unión Liberal (1856 - 1868)
El último gobierno del reinado de Isabel II, estuvo presidido por el ultraconservador González Bravo, representando la reacción autoritaria que desencadenó la Revolución de 1868 y la crisis final de la monarquía.
Durante estos años las cuestiones internas de España no pueden ir peor, Guerra car­lista, luchas políticas, algaradas y sublevaciones, cambios de Gobierno, hacen difícil la gestión de la regente, contribuyendo no poco su conducta privada a causa de la cual perdió la simpatía y popularidad. Los progresistas, que antes la idolatraban, de­jaron de estimarla, y los carlistas hallaron tema en los ocultos amores de María Cristina con Fernando Muñoz para sus epigramas y comentarios.
En 1846 Isabell II casó con don Francisco de Asís de Borbón, duque de Cádiz y primo hermano de la reina. El matrimonio se concluyó durante el gobierno de Francisco Javier Istúriz Montero y tras largas conversaciones internacionales en las que no se tuvieran en cuenta las preferencias personales de la reina.
Don Francisco de Asís de Borbón fue impuesto como candidato neutral por las presiones de Francia e Inglaterra, que temían la ascensión al trono de un consorte extranjero que pudiera inclinar el fiel de la balanza de las relaciones internacionales españolas hacia una u otra potencia.
La elección no pudo ser menos afortunada, Don Francisco de Asís era homosexual, hecho que contrastaba con la escandalosa afición de Isabel II por los hombres, con sus once partos.
Desde el inicio de su matrimonio los esposos se profesaron mutuamente una antipatía insalvable que condujo a continuas separaciones. En distintas ocasiones hubieron de mediar entre la real pareja políticos cercanos a la reina, como Narváez, y las instancias eclesiásticas, incluidos el papa Pío IX y el confesor de la reina, el arzobispo Antonio María Claret.
La reina tuvo diversos amantes, entre ellos se encontraban el general Serrano(conocido como 'el general bonito'), el maestro Arrieta, los cantantes de ópera Mirall y Obregón, los cantantes de ópera Mirall y Obregón, el marqués de Bedmar, Miguel Tenorio y el comandante Puig Maltó.
Isabel y Francisco de Asís vivieron casi continuamente separados: el rey prefería el segoviano Palacio de Riofrío a la vecindad de su esposa en el Palacio Real de Madrid.
La ficción de la convivencia conyugal se esfumó definitivamente en el exilio. En Francia, don Francisco de Asís se instaló en Epinay, donde vivió hasta su muerte en 1902, retirado de la vida pública se dedicó a su afición de los libros y al coleccionismo de obras de arte.
El reinado de Isabel II no es uno de los más afortunados, acentuándose cada vez más las crisis políticas, las luchas intestinas y las guerras carlistas. Conocida con el sobrenombre de "la reina de los tristes destinos" fue verdaderamente el punto de tangencia de todos los males por los que ha pasado España en el aciago siglo XIX.


De la Revolución a la Restauración

Desde la caída de Isabel II hasta la restauración borbónica encarnada en el joven rey Alfonso XII, transcurren breves años, de 1868 a 1874. Parece que en tan pequeño lapso de tiempo el dedo de la Historia apenas podría señalar hechos que merecie­ran el recuerdo de las generaciones futuras y, sin embargo, está tan lleno de vaivenes políticos, de luchas intestinas, de cambios gubernamentales, de personajes que suben como cangilones en la noria de la política, que es un periodo lleno de hechos, de figuras y de instituciones.Pues en apenas seis años que transcurren desde la caída de Isabel hasta el advenimiento de Alfonso XII, se constituye una regencia, nace una nueva dinastía monárquica (Saboya), se forma la primera república española; hay luchas cantonales, guerra contra los carlistas, levantamientos en Cuba, cuarteladas de los generales de turno y aún hay tiempo y gente para manifestar que se está o no de acuerdo con uno u otro partido.
En este periodo caracterizado por sus vaivenes, no hemos de pensar que la maldad o la insensatez sean el común denominador de políticos y militares. De ningún modo. Cada uno en su esfera estaba dotado de cualidades muy nobles, e intelectual y moralmente eran hombres a los que poco se les podía censurar.Pero los tiempos tienen sus carac­terísticas y sus lacras. La división y la confusión de lenguas era el patrimonio de todos los partidos. No había forma de que alguien intentara al menos comprender a su adver­sario, y ese mal, aplicado a la política o a la milicia, acarrea las mayores catástrofes a las naciones cuyos hijos se ven envueltos en la vorágine de tan tremenda confusión.


ALFONSO XII

LA restauración de los Borbones en el trono de España era sin duda la solución lógica a una serie de cosas que no acababan de encontrar el cauce normal. Y segura­mente que hubiera venido por sí misma, tal como creía Canovas del Castillo, si los acon­tecimientos ha hubieran precipitado lo que era inevitable.Por otra parte, los temores de que se malograra, por prematuro, el movimiento restaurador carecían de fundamento por cuanto las clases dirigentes comprendían su necesidad
El ejército se adelantó a un hecho que pedía la mayoría de la nación en su fuero interno y aprobó tan pronto como fue realidad, u El país -dice un autor moderno- destrozado, aniquilado por seis" años de lucha con la anarquía, anhelaba la paz, deseaba lograrla a cualquier precio, y, como única esperanza, volvió los ojos hacia el joven príncipe proclamado en la histórica ciudad, disponiendo en medio de su dolor odios y rencores, y olvidando que poco antes había arrojado violentamente del trono a la dinastía cuya vuelta celebraba ahora con tan férvido entusiasmo.
El edificio alzado por la Revolución se había des­moronado, La insensata hostilidad de las clases directoras contra un rey caballeroso y fiel cumplidor de sus deberes constitucionales, y las desventuras de una República, que no logró consolidarse, llevaban a la nación a aclamar con júbilo al representante de una dinastía expulsada del trono y del país por la voluntad nacional, unánime en exe­crarlaPor fortuna quedaban las ideas esculpidas en la Constitución de 1869 que el nuevo monarca había de hacer suyas en gran parte, queriendo inaugurar con su reinado una era de paz, de libertad y de progreso; y si bien en algunos momentos asomó luego su negra faz la reacción, fue ésta circunstancial y transitoria, capaz de entorpecer, mas no de detener, la marcha progresiva iniciada ya en España"